Que no se pare la industria


El coronavirus nos ha cogido con el pie cambiado. Es una crisis inesperada, inédita, sin referencias. Todo son incertidumbres y nadie sabe lo que puede pasar.

Pensando que lo principal de esta crisis es la salud pública, a nadie se le escapa que después vendrá otro problema añadido, también de graves consecuencias sociales. Se avista otra crisis causada por el parón económico que supone la paralización del turismo, e incluso del comercio.

Pero lo más grave sería que la industria acusase también los problemas del coronavirus y que las fábricas españolas del automóvil se viesen abocadas a detener su producción. Con los problemas que atraviesa el sector ya teníamos bastante, inmersos en un cambio de modelo social que hace que el coche ya no sea tan necesario, y, sobre todo, un cambio tecnológico con la descarbonización como objetivo, con la vía de la electrificación como solución, para paliar el otro gran problema medioambiental.

En esta tesitura el mercado interno del automóvil lleva meses desplomándose, retrayéndose, y ya nos podemos imaginar cómo serán las cifras cuando acabe el mes de marzo. Pero tenemos que ser optimistas y pensar que cuando este problema del coronavirus acabe, que lo hará más pronto que tarde, el mercado se reactivará y los que ahora en marzo, o en abril, no compraron coche, lo harán en los siguientes meses.

Más grave sería detener la producción de las grandes fábricas de automóviles en nuestro país, una producción que el año pasado repuntó ligeramente y que llevó a superar los 2,8 millones de vehículos, la mayoría dedicados a la exportación. Son trece los centros productivos del automóvil, incluyendo los de camiones y vehículos industriales, que dan a su vez empleo a casi 600.000 trabajadores, entre fabricación, venta y reparación. Una parte muy importante del Producto Interior Bruto depende de este sector, estratégico para la economía española y que ha convertido además a nuestro país en el octavo productor mundial. En Galicia tenemos una parte importante de esa producción, en la fábrica del grupo PSA en Vigo, que en los últimos meses ha visto ampliada su producción al incorporar a la misma marcas como Opel o Toyota, o modelos como el Peugeot 2008, y que además pretende batir este año un récord de producción para alcanzar los 550.000 vehículos.

Por eso es importante que toda la industria española se pueda mantener aislada del problema del coronavirus. Cerrar una planta de producción de automóviles, con miles de trabajadores, no tiene la misma solución que cerrar un comercio o unas oficinas. Será difícil recuperar después la producción y por eso hay que implementar medidas extraordinarias para que las fábricas puedan continuar su producción, eso sí, sin riesgo para sus trabajadores.

Estamos viviendo un momento complicado, que hace que incluso el simple hecho de compartir el coche con la familia o los amigos se vea como una situación de riesgo por el dichoso virus. Hay que extremar las precauciones, pero también hay que intentar que este país no se paralice. Y que, después del coronavirus, la economía se pueda recuperar.

la opinión de

Juan Ares

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