Menos accidentes, más atropellos


El delegado del Gobierno en Galicia, Javier Losada, facilitó hace unos días unos datos muy positivos sobre la accidentalidad en la comunidad. El año pasado hubo un descenso del 13,5 % en el número de muertos, que pasaron de los 140 del 2018 a los 90 del pasado ejercicio. Todavía sigue siendo una cifra escalofriante, pero me quedo con la tendencia y, sobre todo, echando la vista atrás, nos alejamos de aquellas cifras impensables de los casi cuatrocientos muertos de hace solo una década. La reducción de fallecidos -y esto es otro dato positivo- es incluso superior a la del resto de España. Y eso teniendo en cuenta de que no han mejorado factores como la dispersión de la población gallega, el estado o la conservación de las carreteras o el envejecido parque móvil. Eso solo puede indicar que el factor humano es el que incidió más en estas cifras positivas. Tal vez esté funcionando ya la concienciación, la educación y el respeto a la hora de coger un volante. Ojalá sea así.

Pero todavía queda mucho por hacer. Por ejemplo, mejorar los datos de los atropellos, que en estos casos han sido más elevados en cuanto a víctimas que en el 2018. Sin duda alguna este dato apunta al de las causas de los accidentes por distracciones y no me cabe duda de que estas distracciones tienen su origen en el inadecuado uso del móvil al volante.

El propio Losada explicaba que el accidente tipo en Galicia se produce por colisión o salida de vía, en carreteras convencionales y, lo que es más preocupante, causado por turismos muy antiguos, de entre diez y veinticuatro años de antigüedad y conducidos por varones mayores de 65 años.

Dos datos me preocupan en este accidente tipo. El primero, que sea en vías convencionales, inevitable por el factor de dispersión poblacional antes citado, pero también por el deficiente estado de gran parte de la red viaria local y provincial. Hay mucho que hacer en este sentido todavía y no estaría mal que se reivindicase a nivel político, ante todas las administraciones, que Galicia necesita un apoyo especial en este caso. Empezando por la gratuidad que se disfruta en otras comunidades de las autovías y autopistas, frente al sangrante negocio de algunas empresas privadas en Galicia.

El otro dato preocupante es la antigüedad del parque móvil gallego, con chatarras ambulantes (literalmente) que todavía se emplean en nuestras carreteras y que incluso a simple vista presentan problemas evidentes como el estado de las ruedas, la deficiencia de sus luces o esos balanceos y cabeceos que delatan que los amortiguadores ya no existen. Y lo peor es que nadie circula sobre estos coches por gusto, sino por necesidad. Por eso hace falta un plan de choque con más medios para ayudar a todos los conductores que circulan sobre estos vehículos a renovarlos por otros que gocen de mayores sistemas de seguridad.

El ministro del Interior en funciones presumía también hace unos días de que la reducción de la velocidad a 90 km/h en carreteras convencionales podía estar detrás de las cifras positivas de accidentalidad en estas vías, pero esa simplificación me parece que es un problema de miopía ministerial o de hipocresía. Todavía hay mucho por hacer, sin caer en la simplificación de reducir la velocidad y quedarse tan tranquilos.

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