El torpedo negro de Sindelfingen

Considerado como uno de los deportivos más icónicos del siglo XX, este Mercedes 300 SL es una de las 1.371 unidades construidas en la fábrica Mercedes de Sindelfingen, en el sur de Alemania, entre 1954 y 1957. Su primer propietario, el fotoperiodista norteamericano David Douglas Duncan, lo utilizó como coche de uso diario durante 40 años antes de regalárselo, en 1996, al hijo de Pablo Picasso. Fue el primer SL de color negro y el único con casi medio millón de kilómetros en su marcador.


D ouglas Duncan nunca imaginó que la propia Mercedes le regalaría un coche, y menos aún un superdeportivo alas de gaviota, pero así fue. Uno de los fotoperiodistas más influyentes del siglo XX, famoso por sus fotografías de guerra, entre las que destacan las de Vietnam o Corea, recibe en 1956 de forma gratuita y de manos de la fábrica alemana Daimler Benz un precioso Mercedes SL 300 de color negro. Era un regalo en agradecimiento por el éxito del reportaje fotográfico que realizó unos meses antes sobre los nuevos automóviles de la marca de la estrella. Había sido un encargo de la propia fábrica alemana para favorecer las ventas de su modelo. Un reportaje visual que muchos expertos definen como las fotografías más bellas de automóviles de todos los tiempos. Comenzaba así una relación que duraría 40 años y casi medio millón de kilómetros.

RECORRIENDO EUROPA

Desde el primer momento lo utilizó para el día a día en su trabajo como fotorreportero. Aunque viajó por todo el mundo, en sus múltiples trayectos por Europa era su compañero infatigable. En uno de estos viajes decide conocer a Picasso. En 1956 se presentó en su propia casa situada en la ciudad francesa de Cannes con la excusa de que tenían un amigo común, el también fotógrafo Robert Capa, muerto dos años antes. Fue así como comenzó una amistad con el pintor malagueño, convirtiéndose en el fotógrafo del Picasso más íntimo y realizando más 25.000 instantáneas. Una amistad que duraría hasta la muerte de éste en 1973. En algunas ocasiones viajaban juntos en el Mercedes, un vehículo del que el propio artista español dijo que algún día realizaría una escultura en bronce.

En 1959 Douglas viajó hasta Moscú, donde durante seis meses realizó un reportaje sobre el tesoro del Kremlin. De vuelta aprovechó para comprar dos latas de caviar beluga que Pablo Picasso le había encargado. En ese momento el vehículo ya contaba con 110.000 kilómetros recorridos.

En 1976, cubriendo en Holanda el rodaje de la película de Richard Attenborough Un puente muy lejano, el torpedo negro, como lo llamaba él, fue robado delante de su hotel. El deportivo estuvo desaparecido durante cinco semanas hasta que, tras contactar con la mafia, pudo ser recuperado previo pago de 12.000 francos. Curiosamente, se lo entregaron lavado y encerado.

Ya en los 80, con más de 300.000 kilómetros recorridos, se le realiza su primera gran puesta a punto; salvo algunas pequeñas modificaciones el vehículo se encontraba en un estado excepcional.

En 1996 y ya con casi 450.000 kilómetros recorridos, el fotógrafo, de 80 años, decidió regalarle su preciado Mercedes a Claude, el hijo del famoso pintor, un entusiasta de los vehículos clásicos, quien desde entonces lo atesora como una verdadera obra de arte, una especie de escultura de metal salida de la fabrica hace más de 60 años.

Desde el 2004 su dueño lo presta al museo Mercedes-Benz de Stuttgart para poder ser admirado por miles de visitantes y de donde solo sale en ocasiones especiales. Como en el 50 aniversario del nacimiento del deportivo en el 2006 o, diez años más tarde, en el salón del automóvil clásico de París, donde se homenajeó al fotógrafo en su cumpleaños número 100, momento en que se reencontró por última vez con el que había sido su compañero de fatigas durante miles de kilómetros. Dos años más tarde moría Douglas Duncan en su casa de la Riviera francesa, lugar que le acogió desde mediados de los años 60.

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