Ya no queremos coche propio


Esta misma semana, Christophe Mandon, director general de Comercio de PSA para España y Portugal, por tanto máximo directivo del grupo en España, junto a Brigitte Courtehoux, vicepresidenta ejecutiva de Movilidad y Servicios Conectados de Groupe PSA a nivel mundial, convocaron a la prensa española en Madrid. Podría parecer que dados los últimos acontecimientos en el seno del grupo francés (su anunciada fusión con el grupo Fiat Chrysler), o incluso los importantísimos lanzamientos que se preparan en sus marcas, como los Peugeot 208 y 2008, o el Opel Corsa, nos iban a informar sobre estos temas. Sin embargo los directivos de un grupo fundamental ya en la automoción mundial nos desvelaron que sus intereses, más allá de fabricar coches y venderlos en cinco continentes, iban encaminados a satisfacer las nuevas demandas de los clientes actuales, que no siempre pasan por disfrutar del último modelo del grupo en su garaje. De hecho se habla ya de una nueva movilidad, la de los que no quieren tener coche propio, pero que necesitan desplazarse y moverse en el día a día, y todos los grandes grupos automovilísticos como PSA se preocupan y dedican muchos medios humanos y materiales a satisfacer esas nuevas demandas. En la capital de España hemos visto el éxito que han tenido las empresas de «carsharing», esas que dejan sus coches desperdigados por las calles madrileñas a la espera de que llegue un cliente con una aplicación de móvil, abra el coche con su «smartphone» y lo utilice el tiempo que quiera, que le será facturado por la compañía a su cuenta bancaria. Poseer coche propio en algunas grandes ciudades comienza a ser un problema, por las restricciones y la escasez de aparcamiento, y el «carsharing», con coches eléctricos, es una solución para muchos. Lo mismo sucede con empresas que emplean la misma fórmula con escúteres eléctricos o bicicletas y últimamente con patinetes. Al mismo tiempo que surgen estas soluciones para desplazamientos cortos y urbanos, las comercializadoras de coches empiezan a comprobar que la manida fórmula del paisano que llegaba a la concesión, elegía coche y sacaba el sobre con los billetitos para pagarlo religiosamente peseta a peseta se acabó. Ahora se habla y mucho de financiación, pero, incluso más allá, de otras fórmulas como el «renting», que en realidad es un alquiler. Usted firma en el mismo concesionario, por ejemplo, una operación por la cual paga 300 o 400 euros al mes y se lleva un coche nuevo que disfrutará durante cuatro años sin preocuparse de los seguros, de los neumáticos, las revisiones o el mantenimiento. Al cabo de cuatro años, lo devuelve y santas pascuas. O sigue con otro «renting» nuevo.

Está claro que a los jóvenes ya no les atrae sacarse el carné a los dieciocho y son más de patinete o bicicleta. Está claro que a muchos padres o madres de familia tampoco les importa tener un coche de «renting» en vez de uno propio y los grandes grupos automovilísticos empiezan a ver en estos hábitos una nueva forma de negocio. Ponerle a la puerta de casa el patinete, la bici o el escúter al cliente, proporcionarle un «carsharing» para uso diario o incluso alquilarle un coche un mes para sus vacaciones es una nueva oportunidad. Y ya están en ello.

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