Alpine A110, el sabor de una leyenda

En 1975 Franco estaba enterrado en el Valle de los Caídos, la peseta era la moneda nacional y el Renault Alpine era el mejor coche de ralis de la década, con permiso del Lancia Stratos. Nada es eterno, pero algunas cosas afortunadamente sobreviven: el Alpine A110 resucitó hace un año con una reedición que recupera lo mejor de aquel coche de leyenda. Es ligero, es rápido y tiene un comportamiento de auténtico deportivo. Y lo mires por donde lo mires, es una auténtica belleza.


El Alpine A110 mantiene intacta la esencia del modelo lanzado en 1961 y que se convertiría en un nombre mítico en el mundo del motor al ganar el primer Campeonato del Mundo de Rallyes en 1973. Aquella berlineta tenía un morro inconfundible gracias a la doble pareja de faros delanteros y a una silueta compacta construida alrededor de un chasis y una carrocería ultraligeros. Su heredero homenajea aquel diseño con un frontal en el que no falta el nombre de la marca en letras plateadas encima de la parrilla. Es más largo pero no demasiado, pues aquel medía 3,85 metros y este 4,18. Donde sí se aprecia la evolución es en la anchura ya que tiene 25 centímetros más, lo que le da un aspecto muy musculoso.

La caída del techo hacia atrás prácticamente desde el final del parabrisas, las entradas de aire para refrigerar el motor, las pinzas de freno pintadas en azul y, sobre todo, el impresionante escape en el centro del difusor trasero nos recuerdan que, a pesar de sus líneas elegantes y armoniosas, estamos ante un purasangre.

El cockpit es casi perfecto, lo que uno espera de un coche de carreras. Los baquets de competición están forrados de alcántara y acolchados en sus laterales, por lo que son bastante cómodos. Los anclajes de acero están a la vista, un detalle muy rácing, y la altura se puede regular en tres posiciones con herramientas. El volante, en cuero y piel vuelta y con costuras azules, es plano por abajo e integra el botón Sport. Está situado en posición muy vertical y a través de él, flanqueado por las levas de cambio, vemos un cuadro de instrumentos digital que puede mostrar tres visualizaciones distintas según el modo de conducción seleccionado.

El salpicadero está presidido por una pantalla táctil de 7 pulgadas tipo tablet, con un menú principal muy simple dividido en cuadrantes. Pero si pulsamos en la A que hay en el centro entramos en los indicadores del vehículo que aportan una información exhaustiva: par de rueda, presión del turbo y temperatura de la admisión, temperatura del aceite, diagramas de rendimiento y fuerzas G, curvas de par y potencia, funcionamiento de la caja de cambios incluyendo la temperatura del embrague y el aceite, osciloscopio y cronómetro.

Los acabados tienen una combinación perfecta de lujo y deportividad espartana. La parte superior del salpicadero está forrada en piel, hay inserciones de fibra de carbono y detalles con los colores de la bandera francesa; el pedalier es de aluminio y el copiloto apoya los pies en una plancha metálica. La visibilidad por el retrovisor interior queda limitada a una franja estrecha.

Bajo el túnel central una placa nos recuerda que es una serie limitada y el lugar de fabricación, Dieppe, una ciudad costera frente al Canal de La Mancha. Esta zona cuenta con un par de tomas USB y es el único espacio para dejar objetos, ya que ni siquiera tiene guantera.

Como el motor va situado en posición central disponemos de dos maleteros, uno frontal de 96 litros y en el que podemos meter dos maletas tipo cabina de avión, y otro trasero, de similar capacidad pero formas más irregulares, en el que encontramos un kit antipinchazos.

Motor

Este Alpine tiene un motor de 1.800 centímetros cúbicos y cuatro cilindros que rinde 252 caballos. El bloque y la culata son de aluminio, al igual que gran parte del chasis, en general todo en este coche está pensado para aligerar el peso. Por ejemplo, los asientos solo pesan 13 kilos cada uno y por eso se ha prescindido de regulaciones eléctricas. El resultado es un automóvil de solo 1.100 kilos, que se siente muy liviano y que consigue cifras muy buenas a pesar de que la potencia no es exagerada. La aceleración de 0 a 100 son 4,5 segundos. Para que nos hagamos una idea de lo que significa el peso, este mismo motor está montado en el Renault Megane RS pero potenciado hasta los 300 caballos y sin embargo es un segundo más lento. El Alpine también le saca medio segundo al Porsche Cayman, a pesar de que el deportivo alemán tiene 50 caballos más.

La tracción es excelente y a poco que pisamos el pedal el coche sale disparado con un intenso sonido del soplado del turbo y un bramido proveniente del escape, que también deja escuchar unas preciosas explosiones cuando levantamos el pie. El comportamiento dinámico es extraordinario, permitiendo enlazar curvas de forma rapidísima gracias a una dirección muy precisa. La caja de cambio automática de siete relaciones, fabricada por el especialista Getrag, sube también de marchas de forma veloz, sin salto entre ellas. Hay tres modos de conducción, Normal, Sport y Pista, que modifican la sensibilidad del acelerador, el régimen de cambio, el control de estabilidad, la dureza de la dirección y el sonido del escape.

Las sensaciones que proporciona el Alpine son muy intensas. Vamos encajonados en unos asientos firmes que no dejan que el cuerpo se mueva. La suspensión es dura pero filtra bien las irregularidades, y es muy fácil guiar el coche y mantenerlo en su sitio aunque vayamos a mucha velocidad. La gran motricidad y la rapidez de la dirección hacen que el eje trasero se descoloque a la salida de algunas curvas por lo que exige ser muy finos si hacemos una conducción deportiva. Los frenos Brembo tienen pinzas de aluminio y un tacto excelente del pedal. Otra consecuencia del bajo peso y la potencia contenida es que el consumo se aleja del de deportivos con prestaciones parecidas, y oscila alrededor de 8 litros a los cien.

Equipamiento

Nuestra unidad de prueba, propiedad del Grupo Caeiro, era la Premiere Edition, una versión de lanzamiento limitada a 1955 unidades (el año de la fundación de Alpine) y con varios extras de equipamiento. Entre ellos destacan las llantas forjadas de 18 pulgadas Otto Fuchs, el escape deportivo y los asientos baquet fabricados por Sabelt, además de un equipo de sonido de la prestigiosa marca Focal.

De serie lleva faros y pilotos full led, antinieblas y sensores de parking traseros, control de velocidad de crucero, climatizador, retrovisores exteriores con calefacción, navegador y acceso y arranque sin llave. La tarjeta manos libres es lo único que desentona con el diseño del coche.

Esta versión del Alpine ya no está a la venta. En su lugar tenemos un modelo de entrada Pure, que cuesta 58.500 euros, y otro denominado Legende con algunas concesiones al confort como los asientos eléctricos por 4.000 euros más. Además hay una versión exclusiva A110S, con techo de fibra de carbono, chasis reforzado y que eleva la potencia a 292 caballos, aunque apenas es un décima más rápido. Cuesta 69.000 euros. El Alpine es un deportivo auténtico, con una historia forjada en los mejores ralis del mundo y perfecto para conducirlo en un puerto de montaña. Los Alpes quedan lejos, pero en Galicia tenemos buenas carreteras para disfrutarlo.

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