¿Queremos coches autónomos?


El coche autónomo, una realidad que nos depara el futuro inmediato, levanta polémica. Unos se muestran encantados de pensar que algún día se subirán a un coche al que con solo darle la orden de que nos lleve al curro se pondrá en marcha, él solo circulará por calles y carreteras seleccionando el trayecto más rápido y, sin que hagamos nada por el camino, salvo a lo mejor escuchar las noticias por la radio o leerlas en una tableta colocada en el salpicadero del coche, nos dejará a las puertas de la empresa, a la hora indicada, mientras a continuación aparca él solito por los alrededores.

Esto que a muchos les parece el sumun de la movilidad, a otros les levanta sarpullidos. ¿Cómo voy a consentir que el coche me lleve a mí? ¿Acaso no voy a disfrutar yo con un volante entre las manos llevando mi buga de 300 caballos, que además me ha costado un pastizal? ¿Y las sensaciones de conducción, el placer de conducir, quién me las va a proporcionar en un autónomo?

Está claro que hay distintas sensibilidades al respecto y por eso es muy interesante el estudio que ha realizado la marca Audi con el instituto Ipsos en base a entrevistas a 21.000 personas de nueve países, entre ellos España, para conocer mejor la aceptación que podría tener el coche autónomo.

Los resultados nos indican que a nivel internacional hay un gran interés (82 %) y también curiosidad (62 %). El 76 % ven un acceso más fácil a la movilidad, el 72 % lo valoran por la comodidad y el 59 % por la seguridad. Pero no todo es positivo. Un 70 % se preocupa por la pérdida del control, y hasta un 41 % desconfían de la tecnología. Lo cierto es que el desconocimiento sobre la conducción autónoma es mayoritario (82 %).

Los resultados muestran que cuanto más jóvenes son los encuestados y cuanto más alto es su nivel de formación e ingresos, más positiva es su actitud hacia la conducción autónoma. Y lo que me sorprende más es que son los usuarios chinos y los surcoreanos los que ven más positivamente esta tecnología. En Europa también los españoles e italianos son los más confiados, mientras alemanes y franceses denotan reservas. Socialmente, los creadores de tendencias y expertos en tecnologías son los más proclives a usar el coche autónomo.

El mes pasado confesaba en esta misma columna que en los últimos tiempos mi opinión sobre los coches eléctricos había cambiado. De encontrarlos aburridos y poco tecnológicos pasé a un cierto placer en su conducción, sobre todo con los últimos modelos recién llegados al mercado, con mayor autonomía y prestaciones.

Así que no seré yo quien niegue mi curiosidad por la conducción autónoma, aunque también tengo mis reparos por el dejarme llevar. De momento confieso que aún me gusta conducir, incluso viajar en coche. Y si a usted le pasa lo mismo, pues no se preocupe, será que no somos chinos ni surcoreanos, que tampoco somos jóvenes ni de alto poder adquisitivo, como dice la encuesta. Pero mañana nadie nos va a quitar el gustazo de girar la llave de contacto, pegar un par de acelerones para sentir que hay algo vivo bajo el capó y enfilar la calle que nos dé la gana para decidir nuestro destino con el volante entre las manos. Unas sensaciones que tal vez nuestros nietos no sentirán jamás.

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