Nada suena bajo el capó


Este final de año 2019 viene marcado por la aceleración de la electrificación en el automóvil. Ha sido lo más palpable en el Salón del Automóvil de Fráncfort, donde por cierto un buen número de marcas han hecho mutis por el foro, demostrando que cada vez tiene menos relevancia estar en los salones en la época de la digitalización, del «streaming» y las redes sociales. Pero, por si acaso, las marcas alemanas sobre todo siguen desplegando su poderío sobre las moquetas de la muestra y desde Porsche y BMW hasta Mercedes y Volkswagen, sin olvidarnos de Opel (la alemana del grupo PSA), han querido apostar directamente por la electrificación para el futuro. Coches que marcarán un hito como el lujoso y deportivo Porsche Taycan o el más democrático ID.3 de Volkswagen nos mostraban los diferentes caminos y clientelas que puede abarcar la movilidad sin emisiones.

La electrificación ha llegado para quedarse y se ve en este mismo número de ON Motor, donde además de las novedades enchufadas de Fráncfort probamos dos nuevos modelos que están ya en el mercado español que son precisamente eléctricos, el Mercedes EQC y el Hyundai Kona híbrido.

En la toma de contacto del Mercedes EQC hemos comprobado que la sensación de lujo, confort y deportividad no va en absoluto reñida con la electrificación. Hemos probado también que estamos ya en la segunda generación de coches eléctricos, con baterías mucho más eficaces, rangos de autonomía superiores que ya hablan sin temor de los 400 kilómetros y sobre todo con sistemas muy avanzados de recuperación de energía. Un paseo por la sierra madrileña con el EQC nos ha convencido de que muchos clientes de una marca tan elitista como la de la estrella, como también los de Porsche o BMW, se pasarán en breve al modo eléctrico sin echar nada de menos los motores de gasolina o diésel.

Solo añoramos el rugido de los motores, hasta el punto de que acabamos haciendo ese gesto tan popular hace décadas, aunque menos ya en los últimos años, de abrir el capó para ver el motor o tal vez para sacar la cala del aceite y verificar que tenemos el líquido protector. Y al abrir el capó encontramos... nada. Bueno, sí, una tapa de plástico que sirve de maquillaje para disimular el hueco donde antes había un motor mecánico y ahora apenas unos cables y un pequeño y compacto motor eléctrico.

Nada que suene bajó el capó, nada que ver, nada que comprobar porque los mecánicos del futuro serán de cortar y pegar; mejor dicho, de sacar módulos y meter otros nuevos cuando alguno falle.

Para los que hemos nacido en el siglo XX y nos hicimos conductores en la edad de oro de la automoción mecánica, solo nos quedará la añoranza. Para los jóvenes del siglo XXI, los del 5G, la electrificación del automóvil será lo normal.

Pero lo mejor de todo es cómo un escéptico como yo, reconozco que la semana pasada, subiendo los puertos de Canencia y La Morcuera por la sierra de Madrid, disfruté como un enano con ese coche eléctrico en el que no sonaba nada bajo el capó, pero que se aguantaba muy bien en las curvas y salía como un rayo cada vez que apretaba a fondo el acelerador. Y en silencio.

Estoy pensando en ir al médico por si contraje un virus.

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