Ken Okuyama: entre oriente y occidente

Sus colaboraciones con General Motors o Porsche, haber alcanzado el cargo de director creativo de Pininfarina y la categoría de los coches que ha creado permiten a Ken Okuyama emular a las grandes carrocerías italianas diseñando y produciendo sus propios modelos.


Escribir sobre diseñadores japoneses de automóviles resulta una tarea complicada, y no porque no haya muchos y buenos, sino porque su particular filosofía sobre el trabajo hace que sean en la mayor parte de los casos personajes prácticamente anónimos, de los que muy pocos datos se conocen, atribuyendo siempre el mérito a la empresa para la que trabajan.

La situación cambia sustancialmente en el caso de los que han llegado a trabajar con carroceros o fabricantes occidentales, donde pueden alcanzar un justo reconocimiento, incluso hasta el punto de instalarse por su cuenta, y con su propio nombre, como ha sucedido con Ken Okuyama.

Nacido en 1959 en la ciudad de Yamagata, al norte de Japón, Kiyoyuki Okuyama se graduaba en 1983 en Diseño y Comunicación Visual en la Universidad de Musashino, para formarse después como diseñador de automóviles en el Art Center College de Pasadena, en California. Terminados sus estudios, compatibilizaría el trabajo como consultor para fabricantes como General Motors, colaborando en el desarrollo del Corvette C5, o Porsche, en la que participaría en el diseño del 996 y el Boxter; con la docencia en la Escuela de Arte y Diseño de la Universidad de Tohoku.

A partir de 1991 impartirá además clases en el mismo Art Center College de Pasadena en el que se había formado, hasta incorporarse en 1995 como diseñador a Pininfarina, convirtiéndose en 1998 en diseñador jefe. En el año 2000 volverá al Art Center College como responsable del Departamento de Diseño de Transporte, puesto que abandonará en el 2004 para regresar a Pininfarina, ahora como director creativo, donde permanecerá hasta el 2006, abandonando la carrozzeria turinesa para instalar en Tokio su propia empresa, Ken Okuyama Design, en la que sin dejar el diseño de automóviles ampliará su campo de trabajo a todo tipo de productos, desde gafas de sol, relojes o muebles hasta trenes de alta velocidad.

En el 2008 presentará en el Salón del Automóvil de Ginebra los primeros modelos con su propia marca, el K.O. 7 Spider y el eléctrico Kode8, a los que seguirán el Kode9 de 2013, el Kode57 de 2016 -con el que conseguirá materializar aquel Ferrari Rossa presentado como prototipo en el Salón de París del 2000 que conmemoraba el 70 aniversario de Pininfarina rindiendo homenaje al primer Testarossa- y el Kode0 de 2017, deportivos de edición limitada que rivalizan en prestaciones, y sobre todo en exclusividad, con los modelos de los fabricantes más prestigiosos. Diseñará también en el 2016 el chasis de Fórmula E desarrollado por el fabricante japonés Dome.

En su paso por Pininfarina dejará modelos tan notables como el Maserati Quattroporte V o los Ferrai 599 Fiorano, 456M GT, Califormia, 612 Scaglietti y, sobre todo, el Ferrari Enzo, convertido en el buque insignia del fabricante de Módena para el nuevo siglo, recogiendo el testigo de modelos como el F40 y el F50. Con la tecnología más avanzada entonces disponible, el Enzo incorporaba un nuevo motor V12 que le proporcionaba 650 CV de potencia, y un sistema de frenos desarrollado especialmente utilizado componentes de los modelos de Fórmula 1, en los que se inspiraba también una carrocería definida para alcanzar las mejores condiciones aerodinámicas, sin renunciar a la esencia del mejor estilo Ferrari.

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