Él lo hizo sin Ewan McGregor

En el mundillo de los moteros con vocación de aventura, Carlos García Portal (Madrid, 1975) es un pequeño mito. Su apodo, Sinewan, es un simpático guiño al actor Ewan McGregor, que recorrió el mundo en moto con muchos medios. Carlos también lo hizo, pero a pelo.


U no de los capítulos de El mundo en moto, que acaba de publicar Carlos García Portal, se titula «Hombre precavido, vale por treinta». Podría ser un buen resumen de este libro, en el que nuestro Charly Sinewan recopila sus experiencias durante 25 años recorriendo el planeta sobre dos ruedas y las pone a disposición de quienes albergan en su cabeza el sueño de seguir algún día sus pasos. El mundo en moto es un detallado manual de instrucciones para que la aventura no se convierta de pronto en un fiasco, con consejos que parten de sus experiencias, y también un entretenido libro de viajes, con fotos magníficas e historias sugerentes que transportan a los lectores a los más alejados lugares del globo sin necesidad de ir dando brincos sobre una Honda Varadero.

Su autor explica en estas páginas cómo tomó un día la decisión de vivir a lomos de una moto e improvisar todo lo demás, hasta el punto de que cuando regresa a España alquila una habitación en Tarifa o en Madrid, por un pequeño espacio de tiempo, antes de ponerse de nuevo en ruta. En una de estas últimas paradas temporales le dio forma definitiva a este libro, que había ido perfilando durante los últimos años, y que tiene como particularidad que cada capítulo incorpora un código QR que da acceso a más información relacionada con el tema que desarrolla en esas páginas.

Porque a El mundo en moto no se le escapa detalle: desde los preparativos necesarios antes de ponerse en marcha (visados, vacunas, dinero, accesorios imprescindibles...) hasta la elección del vehículo, en función del recorrido, pasando por esos pequeños trucos que te pueden venir muy bien cuando te encuentras con un problema inesperado a miles de kilómetros de tu casa. Y lo hace, en muchos casos, ilustrando sus consejos con anécdotas que le han sucedido, lo que ofrece mucha agilidad al relato. Sinewan nos habla de los tipos de personajes con los que te vas a encontrar en el camino -«cuando te enfrentes a un corrupto, ya sea en una frontera o en una carretera, no pierdas las formas, por difícil que resulte»-, de situaciones con las que jamás habrías soñado, que te dejan perplejo en un primer momento pero -«sé siempre educado y respetuoso aunque lo que veas te parezca surrealista o incluso si las autoridades te están trando mal»- de las que tienes que salir para poder seguir adelante, o de pequeños fracasos que tendrás que asumir, como un simple pinchazo en el lugar más inoportuno y sin los medios necesarios para arreglarlo. Y reflexiona acerca de la vida que ha elegido, sobre la sensación de soledad que le ha invadido en algunos momentos, el crecimiento personal que experimenta -«el viaje se convierte en un filtro natural para poner las cosas en su sitio»- o acerca de la conveniencia o no de echarse el mundo a la espalda en versión par o impar. Un título imprescindible para quienes llevan dentro el veneno de la moto o para quienes, simplemente, quieran soñar durante unas horas.

Deportado en Uzbekistán, infectado por una bacteria en Bali

«Sobre la moto tienes una falsa sensación de seguridad que conviene sacudirte de encima», advierte Carlos en las páginas del libro. Y no se refiere solo a la posibilidad de sufrir un accidente o un contratiempo mecánico que frustre tus planes viajeros. En sus viajes alrededor del mundo, Sinewan se ha visto envuelto en situaciones muy comprometidas. Cuenta, por ejemplo, cómo fue retenido durante horas por la policía en su hotel de Ubezkistán por tener caducado su permiso de estancia en el país, hasta que tras un juicio rápido y un mal trago fue acompañado a la frontera con la promesa de que no volvería a cruzarla en sentido de vuelta en el transcurso de un año. Lógicamente salió de allí a toda mecha y sin ninguna intención de regresar en mucho tiempo. Casi tan rápido como la noche que durmió en una aldea de Brasil, frente a una comisaría, con la sospecha de que a primera hora de la mañana el sargento que le había interrogado el día anterior intentaría sacarle algunos cientos de dólares de su bolsillo. El título de este capítulo, «Durmiendo con tu enemigo», no puede expresar mejor los temores que sintió. Las sorpresas, en otras ocasiones, son más agradables: en Bali, debido a una infección en un pie, Charly Sinewan tuvo que acudir a un hospital para que le inyectasen antibiótico, tras contagiarse con una bacteria. Nuestro aventurero cuenta como a veces las ideas preconcebidas que podemos tener de determinados servicios en un país exótico, por llamarlo de algún modo, no se corresponden con la realidad. Un personal muy rápido y eficiente, en un centro médico de primera clase, era como estar en el plató de un anuncio de perfume, solucionaron su problema.

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