El tiempo de las bicicletas


El verano es tiempo de bicicletas. Lo notamos estos días con solo salir a la calle y comprobar que el primer vehículo autónomo sin tracción animal de la historia sigue plenamente vigente. La bicicleta es un vehículo irrepetible para la humanidad, sencillo, limpio, democrático, saludable. Es el primer vehículo en el que, de niños, experimentamos la sensación de libertad. La necesidad de desplazarse además es indispensable para el ser humano. Y la bicicleta nos lo permite en cualquier continente, a cualquier edad y sin resultar excluyente para las economías menos boyantes.

Cuando digo tiempo para las bicicletas no me refiero solo a los ciclistas, sino que en verano son muchos los automovilistas que desempolvan ese vehículo de dos ruedas, que muchos guardan durante todo el año en el trastero o en el garaje, para darse un paseíto hasta la plaza del pueblo, hasta la playa o a la montaña, para pasar el rato y al mismo tiempo hacer ejercicio entre visita y visita al chiringuito o al furancho de turno. Por algo ya hemos mencionado antes de la virtud saludable de la bici, tanto para nuestro esqueleto como para nuestra cabeza. Por eso es tiempo de que, desde el volante del automóvil, nos reconciliemos con la bicicleta, esa que también usamos pero que vemos de diferente manera tras una máquina de hierro de tonelada y media.

Y es necesario que la veamos como lo que es, un vehículo útil y alternativo para nuestra movilidad. Porque no podemos olvidar que si todos nos desplazásemos en coche, la movilidad en las ciudades sería imposible y, en ese sentido, los que utilizan el transporte público colectivo, las motos, los ciclomotores, las bicis o los patinetes muestran también en cierto modo una faceta solidaria hacia los automovilistas, liberando espacio en las calzadas.

Por eso hay que convivir y sobre todo olvidar eso tan manido de que ‘la calle es mía’ porque llevamos un imponente SUV o un rápido deportivo con 200 caballos y 1.500 kilos de peso. La bicicleta es el elemento más vulnerable en el tráfico. Más lento, menos pesado y sobre todo en el que vamos más desprotegidos a la hora de desplazarnos.

Estos días de verano en que nos reconciliamos con la bici y volvemos a pedalear nos deben servir para recordar que las maniobras no son tan sencillas, que la bici requiere que se respete su espacio, que a veces los ciclistas se ven obligados a zigzaguear, que en las pendientes van muy despacio y de que por su sencillez son menos visibles que otros vehículos con los que compartimos la calzada.

Respeto es la palabra y a estas alturas alguno, tras el volante, dirá que el respeto también se le tiene que exigir al ciclista. Y es cierto, pero el respeto no entiende de vehículos e irresponsables los hay en ambos lados.

Así que seamos más amables con esa bici que además se puede convertir en el segundo vehículo del automovilista, si no lo es ya una moto. Una bici que además se convierte también, en los últimos tiempos, en herramienta de trabajo para muchos en las ciudades.

Las bicis son de todos, no lo olvidemos, todos fuimos ciclistas.

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