O se enchufan, o les multan


Si alguien piensa que los fabricantes de automóviles abrazan la electrificación por convicción propia, está muy equivocado. Tras haber realizado en las últimas décadas inversiones millonarias en la mejora de las emisiones para sus motores diésel y gasolina, se mostraban satisfechos. Pero ahora llega la Union Europea y exige reducir drásticamente las emisiones a partir del 2021 hasta 95 gramos de CO2 de media por cada fabricante. El incumplimiento de estos niveles llevará acarreadas multas de 95 euros por cada gramo y cada coche, lo que puede suponer en algunos casos cientos o miles de millones para algunos fabricantes.

Ahora mismo solo los vehículos híbridos y algunos motores diésel de pequeña cilindrada son capaces de llegar a estos niveles, por lo cual a los fabricantes, salvo Toyota, Lexus y Tesla, que ya tienen los deberes hechos, no les queda más remedio que apostar por la electrificación de su gama. Solo vendiendo vehículos con 0 emisiones podrán promediar esos 95 gramos de CO2 necesarios. De ahí que este año y el que viene veremos llegar una avalancha de nuevos modelos eléctricos desde prácticamente todas las marcas.

Eso sí, las administraciones y las empresas eléctricas no han sabido todavía afrontar el reto de cientos de coches eléctricos que empiezan a circular por las calles de las ciudades españolas. No se avanza en la red de cargadores que estos coches necesitan en espacios públicos, párkings, centros comerciales y en las propias aceras. La Administración predica contra los diésel, pero no hace nada por facilitar la vida a los usuarios de coches eléctricos, que poco a poco pero sin pausa ya apuestan por esta tecnología.

Otra cuestión que me gustaría mencionar aquí es el hecho de que con esta exigencia tan radical Europa se puede estar pegando un tiro en el pie. Países como Alemania, Francia, Italia, España o el Reino Unido antes del «brexit» son fabricantes de automóviles, con cien grandes fábricas instaladas a lo largo y ancho de todo el continente, con miles de empleados y una cuota muy importante en el Producto Interior Bruto de cada país. España es un buen ejemplo de la importancia de este sector en la economía. Y lo que se puede producir, de hecho ya está sucediendo, es que las medidas que se toman para multar a los fabricantes acaben con algunos de ellos. Ya hemos visto que, a la vista de los nubarrones que se cernían sobre la industria europea del automóvil, algunos grandes grupos como General Motors han abandonado este mercado, otros como Infiniti lo han anunciado también y ahora mismo hay algunas marcas más, con poca cuota de mercado en Europa, que también lo están pensando.

Hay fabricantes europeos a los que les costará mucho cumplir con la norma que viene para el 2021 y que van a sufrir multas millonarias. Algunos de ellos pasan aún por dificultades económicas y no sería extraño que con las multas le dieran la puntilla. Y mientras en Europa se emplea toda la fuerza en aplacar los humos del automóvil, presenciamos atónitos la impunidad con la que se manejan otros sectores que también son responsables en gran medida de la contaminación por CO2.

la opinión de

JUAN ARES

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