¿Compramos coches o etiquetas?


Vamos a tratar hoy de una realidad algo alejada todavía para los gallegos, que vivimos más tranquilos en nuestras ciudades de tamaño medio, villas, pueblos o aldeas, de espaldas a las restricciones al tráfico que sufren ya los ciudadanos de Madrid o Barcelona y muy pronto otras ciudades.

Madrid ha comenzado ya a multar a todos los coches que acceden a su manzana central sin poseer las etiquetas Cero o Eco de la DGT. Y a los automovilistas madrileños, de repente, les surge un problema, a la hora de ir a trabajar o a hacer compras, si no disponen de una etiqueta de esas en el parabrisas delantero de su coche. Esa inquietud se ha transmitido a los fabricantes de automóviles, que para vender coches en Madrid necesitan también esa etiqueta, y la situación coincide con un Gobierno ignorante en asuntos de motores, sin asesores fiables que les ayuden a separar el grano de la paja.

Así, han puesto el listón para obtener una etiqueta Eco en los turismos y comerciales ligeros clasificados como híbridos enchufables, híbridos no enchufables, vehículos propulsados por gas natural, o gas natural comprimido. Incluso le dan la etiqueta Cero a vehículos eléctricos de autonomía extendida y a híbridos enchufables con autonomía mínima de 40 kilómetros.

Y por esta puerta, aprovechando los resquicios legales que permite la norma, los fabricantes han encontrado la solución para que hasta pesados SUV de 2.000 kilos y más de cinco metros de longitud, con motores de gasolina de 300 o 400 caballos, asistidos de forma muy limitada por un motor eléctrico que apenas podrán utilizar durante 20 kilómetros reales, circulen por el centro de Madrid, luciendo una etiqueta Eco o Cero en algún caso, mientras su tubo de escape lanza a la atmósfera tres o cuatro veces más CO2 que un pequeño utilitario con motor diésel Euro6.

Porque la hibridación, cuando es tan limitada, que hasta los propios fabricantes denominan a sus coches «mild hybrid» (híbrido suave), resulta un engañabobos, aunque en este caso pase el listón impuesto por los responsables de la Dirección General de Tráfico.

Hemos visto que el centro de Madrid ha quedado prohibido a los automovilistas con coches pequeños, económicos y urbanos, mientras permiten campar a sus anchas a otros que se pueden gastar entre 80.000 y 130.000 euros en potentes coches ¿híbridos? con consumos en el 80 % de su recorrido por la ciudad de doce o catorce litros a los cien kilómetros y emisiones de 140 a 160 gramos de CO2 por kilómetro.

La trampa, una vez más, beneficia a los económicamente fuertes y castiga a los más humildes. Y no se les puede echar la culpa a los fabricantes de automóviles, que llevan más de dos décadas invirtiendo mucho dinero para reducir las emisiones de sus automóviles y explorando nuevas fórmulas de movilidad.

La situación ha llegado al extremo de que en los concesionarios madrileños los clientes ya entran y preguntan directamente por los coches de etiqueta Eco o Cero, antes que definir el modelo o el tamaño de coche que necesitan. Eso sucede hoy ya en Madrid y Barcelona, pero, a la vuelta de la esquina, en Galicia también empezaremos a comprar etiquetas en vez de coches.

la opinión de

JUAN ARES

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
0 votos
Comentarios

¿Compramos coches o etiquetas?