Los clásicos también se manchan

Todavía perviven pruebas donde los vehículos de calle se juegan su integridad en caminos que un 4x4 tendría serios problemas para superarlos. Son los ahora llamados Classic Trail y llevan más de cien años disputándose en el Reino Unido.


Ver un Bugatti, un Ford A o un Morgan con más de 70 años de vida saltando entre piedras y barro puede dar dolor de corazón (y de bolsillo), sin embargo estos triales capturan la esencia de lo que eran las competiciones a principios del siglo XX. Estas pruebas son como una máquina del tiempo donde los mismos caminos y casi los mismos vehículos hacen posible que veamos un espectáculo idéntico a lo que se vivía hace 50, 80 o 100 años. Vehículos de todas las edades se enfrentan año tras año al barro, a las piedras y a los desniveles resbaladizos en diferentes pruebas a lo ancho y alto del Reino Unido. Es una especie de autocrós a baja velocidad.

Todo empezó a raíz de la creación de carreras de fiabilidad y resistencia que a principios del siglo XX salpicaron Europa. Eran los escaparates donde los fabricantes podían presentar sus avances sobre dos, tres o cuatro ruedas. La solidez y la fortaleza eran los principales valores para los constructores, antes incluso que la velocidad. Tres de estas pruebas nacidas entre 1904 y 1910 conformaron lo que hoy es el eje principal de los Trial Classic en Inglaterra. La afición a estas pruebas ya era asombrosa: como ejemplo, en 1925, en la London-Exeter (250 kilómetros) se apuntaron 169 coches y 258 motos. Hoy en día los recorridos son mucho menores pero igual de emocionantes.

SUBIDAS RESBALADIZAS

Al principio el trazado comprendía las carreteras principales que unían las poblaciones. Eran polvorientos caminos de tierra que las lluvias se encargaban de ir embarrando y retorciendo al paso de los vehículos, complicando el viaje. A medida que fueron mejorando los firmes y las máquinas, los organizadores buscaron variaciones al trayecto inicial para complicar aún más un trazado ya de por sí duro. Fue entonces, entrados en los años 30, cuando las colinas y pequeñas lomas de terreno cobraron protagonismo. Desniveles embarrados, bacheados y resbaladizos, de no más de 300 o 400 metros, resultaban y resultan, hoy en día, obstáculos rompeautos. Algunos de estos caminos centenarios que fueron parte del trazado original forman parte de estas pruebas de autocrós, aunque ahora acotados para seguridad de pilotos y espectadores.

PARA TODOS LOS PÚBLICOS

Cientos de participantes acuden a estos ralis del barro. Padres, abuelos o nietas se apuntan a este espectáculo en el que entre tramo y tramo siempre hay tiempo para comer o comentar la carrera. No es necesario ser un experto, ni tan siquiera tener muchos euros en el bolsillo, aunque algunos veteranos pueden llegar a las seis cifras. Subir a lo más alto o disfrutar en el intento es el objetivo final.

CATEGORÍAS Y DIFICULTADES

A la competición se presentan vehículos de dos, tres y cuatro ruedas. Existen numerosas categorías, entre las que destaca la de veteranos (son los vehículos más antiguos), aunque también tienen su sitio automóviles más modernos como escarabajos o descapotables de los 90. Eso sí, todos legales para su uso en carretera. Cada tramo tiene su nivel de dificultad y muchos son opcionales, cada piloto elige dónde meter su coche. Dentro de la prueba existen zonas especiales con grandes desniveles, secciones de navegación o áreas de juegos sobre ruedas como las yincanas en el césped.

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