El automóvil también va a las urnas


El próximo 28 de abril España va a las urnas. Será una jornada crucial para este país, de cuya estabilidad política depende también la económica y el bienestar de los españoles. Y será una jornada importante también para el futuro del automóvil como medio de transporte viable, para la automoción en general y para la industria del ramo, la segunda en importancia en España y también, especialmente, de Galicia, donde está implantada una de las principales fábricas españolas, en un momento además crucial donde el lanzamiento de nuevos productos puede hacer que alcance su récord histórico de producción.

El automóvil se halla en una encrucijada a nivel global, con el reto de avanzar en un imparable desafío como es el de abandonar los combustibles tradicionales en favor de energías más limpias. Y también con el reto del coche autónomo y seguro. Además, socialmente se presupone que el uso del automóvil irá cambiando en el futuro y el sentido de la propiedad mutará por el de la utilización, sin más.

Pero esa encrucijada universal se ve todavía más compleja en España, donde en los últimos meses se ha sufrido el mayor ataque jamás realizado contra el automóvil. En este tiempo hemos escuchado declaraciones incendiarias como la de que el diésel tiene los días contados, desfachatez insensata desde el mismo Gobierno que pocos días después compra centenares de coches diésel para las fuerzas del orden público.

Y no solo eso. Se aventura que a partir del 2040 solo podrán matricularse coches que no tengan motores de combustión y, mientras, nuestros redactores comprueban que a día de hoy es inviable hacer un viaje de 600 kilómetros entre A Coruña y Madrid por la falta de cargadores eléctricos en la red viaria. Y que además no hay ningún atisbo de que esta situación vaya a cambiar en los próximos años.

Algunos quieren ser todavía mas radicales y en las islas Baleares se adelantan esos plazos para convertirlas en el paraíso de los coches eléctricos que lleven a los turistas de borrachera por las calles de Magaluf.

Por eso el automóvil, inmerso en esos vaivenes, sufre las consecuencias, palpables ya en el parón de ventas de coches nuevos, tras unos años de bonanza, fruto de la incertidumbre de los compradores sobre si comprar un diésel, un gasolina, un híbrido o un eléctrico. Y cuando se paran las ventas, después se paran las fábricas y aumentan las listas del paro.

Así que cuando el 28 de abril votemos los españoles, el sector del automóvil se jugará su futuro. Le vendría muy bien que el gobierno que saliese de esas urnas entendiera que el problema del diésel es el problema de los coches con más de quince años de antigüedad que hay que retirar de la calles, eso sí, ayudando a quienes los tienen con créditos blandos y coches económicos. Le vendría muy bien también que esa electrificación que tanto se proclama tuviese una partida en los Presupuestos del Estado para iniciar un plan de creación de electrolineras con cargadores rápidos. Y sobre todo, un gobierno que tranquilizara a los ciudadanos diciéndoles que si la Guardia Civil compra coches diésel, ellos también pueden hacerlo sin temor.

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