Necesito un enchufe, por favor


Esta frase puede ser la más escuchada en los próximos años, a tenor de lo que estamos comprobando en esta revolución en la que está envuelta la automoción actual. De hecho, si echamos la vista atrás a través del transporte, comprobamos que hemos pasado del ‘necesito un poco de forraje para mi caballo’ en el siglo XIX, al ‘necesito gasolina para mi coche’ en el siglo XX y en este siglo XXI el objeto más demandado por el automovilista será el enchufe.

Los grandes grupos automovilísticos han sabido interpretar el signo de los tiempos y a regañadientes han decidido cambiar de época. Sus planes a dos décadas vista han pasado de hacer motores de combustión de bajos consumos y reducidas emisiones a desarrollar a toda velocidad baterías capaces de mover coches con motores eléctricos con dinamismo y, al mismo tiempo, una autonomía que permita hacer trayectos de media y larga distancia. En los próximos cinco años veremos avances asombrosos. Llegarán coches capaces de llevarnos de A Coruña a Madrid sin parar o, como mucho, hacerlo en el tiempo de tomarnos un café y un descansito, mientras se recarga de forma rápida la batería.

Creo que la tecnología irá, como siempre, por delante pero en lo que ya no tengo tanta confianza es en que las administraciones sean igualmente tan eficaces. No podemos olvidarnos de que el coche eléctrico tendrá que recargarse en la vía pública, en postes colocados en calles, en centros comerciales, o en párkings públicos. Y eso requiere una política decidida por parte de las administraciones para colocar postes de recarga en los sitios adecuados en todas las ciudades.

En el 2017 se vendieron en España 7.254 vehículos eléctricos, pero el pasado año las cifras se dispararon a los 11.845, creciendo un 63 %. Y esto es solo el principio, ya que si de momento solo en ciudades como Madrid y Barcelona se está fomentando la demanda, muy pronto en otras ciudades españolas empezarán a aplicarse medidas que favorezcan al coche eléctrico.

El problema es que la recarga de los eléctricos, por mucho que mejore, siempre será más lenta que la de combustibles. Se necesita tiempo y, lo que es más difícil, se necesita un enchufe a mano. Podemos recargar un eléctrico mientras estamos en casa, pero eso obligará instalaciones particulares en los garajes comunales mayoritarios. Más fácil lo tendrán los que vivan en viviendas unifamiliares. Recargaremos también en nuestros centros de trabajo si disponen de aparcamientos propios. Pero también tendremos que recargar cuando nos desplacemos a centros comerciales o estacionemos en los cascos urbanos, en la calle. Y aquí es donde la batalla de las administraciones locales, nuestros concellos, tiene que librarse en favor del coche eléctrico.

De momento la inacción es total. Salvo cuatro postes que se montaron para que los políticos de turno se hiciesen unas fotos, no hubo nada más. Y eso que las compañías eléctricas se relamen ante la bicoca que se les viene encima.

Ahora mismo el freno que tiene el coche eléctrico para su expansión, además de un precio que sigue siendo más alto que el de los vehículos de combustión, es el de los puntos de recarga. Nadie se arriesga a comprar un coche y tener que andar por ahí pidiendo ‘un enchufe, por favor’.

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