Sin los diésel, Hacienda recauda más


En los últimos meses, en este ON Motor hemos puesto la lupa sobre los sorprendentes planes que el Gobierno tiene respecto al automóvil. Cuando en el mes de julio la ministra de Transición Energética Teresa Ribero abrió fuego con aquel lapidario «los diésel tienen los días contados» algunos directivos del sector pensaron que era un tremendo error por parte del ministerio y sus asesores en la materia.

Pero recuerdo que, en aquel mismo tiempo, un alto directivo de una de las marcas con fábrica en España me dijo (y por razones obvias no voy a desvelar su nombre) que a lo mejor lo que había detrás de la guerra al diésel era un puro afán recaudatorio por parte del Gobierno. En aquel momento la teoría de mi confidente me pareció descabellada, yo era uno de los que pensaban que la bisoñez de la ministra y ese buenismo con que se impregnan a veces ciertas decisiones del actual consejo de ministros eran la causa real de la demonización del diésel.

Ahora, pasados unos meses y ya con una nueva fase del juego, esa del 2040 como punto y final a la matriculación de vehículos de combustión, hemos visto que el primer efecto de que los españoles hayan desertado, por temor, de la compra de coches diésel es un inmediato rebrote de los índices de CO2 en las grandes ciudades. Ya explicamos el porqué en nuestro anterior número, donde comprobábamos que los coches de gasolina emiten más CO2 que los diésel.

Pero el rebrote que realmente sorprende es uno que ya se ha anunciado en todos los medios de comunicación, aunque la noticia haya pasado desapercibida. Hablamos de la recaudación a través del impuesto de matriculación, ese que casi ningún coche diésel pequeño o mediano tiene que pagar porque todos ellos emiten menos de 120 gramos de CO2 por kilómetro, límite impuesto para quedar exento del pago, pero que en el caso de los gasolina pagan la mayoría de ellos, a razón de un 4,75 % del valor del vehículo siempre que emita entre 120 y 160 gramos de CO2 por kilómetro.

La huida del diésel ya ha supuesto la primera merma económica en el bolsillo de los españoles, pero a cambio conlleva pingües beneficios para las arcas estatales. Por ejemplo, entre enero y octubre de este año se recaudaron 414 millones de euros, un 30 % más que en el mismo período del año pasado. Y el único motivo es que compramos más coches de gasolina. Por eso me acuerdo de las palabras de mi desconfiado informante y ya empiezo a tener mis dudas sobre si la campaña contra los diésel tendrá otras motivaciones más allá de la infundada defensa del medio ambiente.

Y de momento seguimos sin tener claro que el Gobierno sepa que el verdadero problema de los coches que contaminan hay que empezar a atajarlo por los más antiguos, aquellos que se regían por norma Euro 3 y Euro 4 de hace casi veinte años, de los que todavía hay varios millones circulando por calles y carreteras españolas y que contaminan cuatro veces más que los actuales. Por cierto, que son coches que generalmente utilizan personas sin muchos recursos y que difícilmente podrán cambiarlos por un eléctrico cuyo precio es, de momento, muy superior al que tienen los diésel.

la opinión de

JUAN ARES

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