El regreso de Pere Navarro

Entre el 2004 y el 2012 puso en marcha el carné por puntos y España empezó a reducir el número de accidentes mortales en las carreteras. Años después Pere Navarro, alabado y criticado casi en la misma medida, regresa al puesto desde el que implantó medidas de seguridad vial que transformaron las conductas de miles de conductores.


Pocos problemas tiene este país que cuesten 1.800 muertos al año. La reflexión la hacía el jueves Pere Navarro en su regreso a la DGT, la casa que transformó entre el 2004 y el 2012, ocho años en los que logró reducir de cinco mil a dos mil las muertes en carretera, las tragedias al volante. La receta de entonces fue un aumento del control para poner fin a la impunidad con la que se movían por las carreteras españolas los malos conductores, con un incremento de la vigilancia de la velocidad, con más presencia de la Guardia Civil de Tráfico, y con la agilización del procedimiento sancionador para que ningún infractor quedara impune. Pero sobre todo, con su medida estrella: el carné por puntos, que cambió la mentalidad de los conductores españoles.

EL CARNÉ POR PUNTOS

1 de julio del 2006. Entra en servicio el carné por puntos. Durante meses se habían hecho campañas para informar a la población sobre el nuevo permiso, que llevaba años operando con éxito en Francia. Los comienzos fueron complicados, pero la mayoría de los expertos coinciden en que el carné por puntos contribuyó a un cambio en la forma de ver el tráfico y, sobre todo, en la forma de afrontar las peores conductas al volante. A partir de ese momento los conductores tienen un crédito que valora su responsabilidad al volante. Si pierden ese crédito (los puntos) perderán la vigencia del carné y tendrán que volver a recuperarlo.

LOS CAMBIOS QUE VIENEN

«El carné por puntos fue el catalizador que puso en marcha la seguridad vial. Estábamos un poco dormidos, estancados en cinco mil muertos al año. Faltaba algo, y el permiso por puntos abrió el debate». Así recordaba Pere Navarro, en una entrevista en La Voz, los comienzos del carné por puntos. Ahora, en su segunda etapa al frente de la Dirección General de Tráfico, Navarro tiene claro que hay que hacer modificaciones en el carné por puntos, doce años después de su implantación. Es necesaria una actualización de las sanciones que figuran en el catálogo de puntos. En los últimos años, Pere Navarro abogó en distintos foros de seguridad vial por realizar «retoques» para adaptarlo al momento actual. Y los primeros cambios, endureciendo las sanciones, se dirigirán a las infracciones que suponen un mayor riesgo de accidente: las distracciones (sobre todo el uso del móvil), y los grandes excesos de alcohol, de drogas y de velocidad.

LA VELOCIDAD

En la primera etapa de Navarro en la DGT España se llenó de radares fijos. El cumplimiento de los límites de velocidad fue siempre un objetivo del equipo de Navarro, que en absoluto se plantea elevar la velocidad máxima actual, de 120 en autovías y autopistas. Lo que sí se espera es una reducción (de 100 a 90 km/h) de los límites en las carreteras convencionales, donde ocurren más del 80 % de los accidentes mortales. Será además una adaptación a lo que se está haciendo ya en Europa. El ejemplo más cercano es el de Francia, que la redujo este mes de julio a 80 en esas carreteras.

PEATONES, BICIS, Y MOTOS

Los colectivos más vulnerables son la gran preocupación de la DGT. Lo son porque casi la mitad de los muertos el año pasado en accidentes de tráfico eran peatones, motoristas y ciclistas. A ellos se dirigirán gran parte de las iniciativas de los responsables de Tráfico, con campañas de concienciación y más vigilancia. Atención especial requerirán las motos, sobre todo los fines de semana, porque los últimos informes de siniestralidad indican que muchos motoristas conducen potentes motocicletas para las que no han adquirido la formación necesaria.

LAS CIUDADES, EL GRAN RETO

El ejemplo es Pontevedra, que ya no tiene muertos en sus calles. Así lo ha dicho en varias ocasiones Pere Navarro, convencido de que las ciudades son el reto en seguridad vial. Se trata de ordenar bien la movilidad urbana para dar prioridad y proteger a los peatones y a los ciclistas, que son los grandes protagonistas del futuro del tráfico en las ciudades.

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