La moto pide paso en la ciudad


La movilidad urbana es un concepto cambiante en los últimos tiempos. Si hace unas décadas todo el mundo tenía claro que el coche era la solución, anhelada solución personal además, ahora mismo ese precepto se tambalea. El denso tráfico en las grandes ciudades hace lentos los desplazamientos en coche. Los aparcamientos regulados han acabado con la barra libre a la hora de aparcar y nos cuesta un riñón pagar los párkings. Y después está el compromiso ambiental. Si todos nos movemos en coche colapsaremos las calles y además provocaremos emisiones que acabarán repercutiendo en el medio ambiente y por ende en nuestra salud.

Ante esta tesitura muchos ya buscan alternativas y el transporte colectivo es la más lógica... si funcionase bien. Así que para no depender de nadie tenemos que plantearnos seguir manteniendo nuestro transporte individual. ¿Coche? Imposible aparcarlo. ¿Bici? Sudo en verano, me mojo en invierno, no puedo ir vestido con ropa formal. ¿Patinete? Buuuf. Así que por descarte, el único transporte individual que nos queda es la moto, que no tiene ninguno de los inconvenientes anteriores. Y ojo, que no me refiero a las motos como las entendemos ahora. En el futuro más bien serán prácticos y limpios escúteres, con motores eléctricos que no contaminan ni acústicamente ni con sus humos. Escúteres que no tienen por qué ser propiedad, sino que los podemos alquilar a pie de calle para usarlos solo un rato. La moto está afrontando ya este cambio necesario para dar solución al problema de la movilidad. Frente a la bici tiene como ventaja su rapidez, comodidad, versatilidad y, en el caso de las bicis eléctricas, su precio viene a ser el de un ciclomotor básico.

¿Qué le falta pues a la moto para convertirse en la verdadera alternativa a la movilidad urbana? Pues sacudirse esa imagen de vehículo peligroso, el que acapara las noticias de accidentes en los telediarios y en los periódicos locales. Y sacudirse también esa imagen de vehículo de macarras, vestidos con ropa deportiva y que van en máquinas infernales que hacen un ruido que espanta. Esa es labor de todos los que nos movemos en motocicleta. Menos escapes para fardar pasando delante de las terrazas, nada de aceleraciones ni caballitos, menos agresividad entre los coches, que al fin y al cabo llevamos las de perder.

La imagen de la moto, poco a poco, se va normalizando y en ello han tenido mucho que ver esa marea de nuevos moteros que se han pasado del coche a la moto al convalidarles el carné para pilotar escúteres de media cilindrada por las ciudades. Ejecutivos, profesionales, funcionarios, trabajadores en general que cada día se desplazan a su trabajo en moto con aparente aire de normalidad sin que ninguno lleve un aparatoso mono de cuero.

Y cuando las motos dejen de humear y hacer ruido (dejemos eso para los circuitos, por supuesto) habremos ganado la batalla de la movilidad urbana y casi todos compartirán en su plaza de garaje un vehículo familiar de cuatro ruedas con uno de dos ruedas que nos solucionará cada día mil problemas.

Así que no le demos más vueltas a la movilidad urbana inventando engendros eléctricos que van arrollando peatones por las aceras. Y sin matrícula ni seguro.

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