Cada día, más coches sin propietario

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Cuando en España comenzaron a popularizarse los automóviles en los años sesenta, el 600 empezó a convertirse en un símbolo de estatus. Al que tenía un 600 le iban bien las cosas, aunque en pocos años ya fueron superados por los que compraban automóviles más grandes y potentes. En las décadas siguientes ese símbolo de estatus siguió prevaleciendo y, junto al chalé, el coche marcaba el fuste económico del propietario. A más centímetros de carrocería o más caballos en el motor, más poderío.

Ya a finales del pasado siglo ese estatus se significaba cuando el propietario/a del coche de importación sacaba el llavero y lo ponía encima de la mesa, marcando terreno. Fulanito tiene tal coche, se comentaba en los corrillos, para significar que a fulanito le iba bien.

Los tiempos han cambiado. Ya estamos en el siglo XXI, en plena sociedad de la tecnología, y el automóvil ha perdido su símbolo estatutario (salvo futbolistas subidos a carros de 600 caballos).

Los fabricantes anuncian que el coche autónomo está a las puertas. Ya no hará falta lucir maneras de buen conductor, pues de eso se encargará el propio coche. Los jóvenes de hoy en día, a diferencia de los de hace unas décadas, ya no muestran esa necesidad de sacarse el carné de conducir en cuanto cumplen los 18 años. Les interesa más el ultimo «smartphone premium» o viajar con sus amigos por Europa. No hay prisa para comprarse un coche.

Y casi sin darnos cuenta nos encontramos con la tercera revolución del automóvil del siglo XXI. Sí, la tercera, porque la primera será la del coche limpio, ya sea eléctrico, híbrido o de pila de hidrógeno; la segunda, la mencionada del coche autónomo, y la tercera, de la que queremos hablar hoy, la del coche sin propietario.

Hacia eso caminan los que ya probaron las bondades del carsharing, ese alquiler de coches por minutos, que encontramos aparcados en las calles y utilizamos mientras nos hacen falta. De momento en Madrid, pero quien sabe cuánto tardarán en extenderse a nuestras ciudades.

Además, vemos como en las empresas comienzan a prodigarse los alquileres (rénting) de coches de ejecutivos, coches que se compran con paquetes de uso, mantenimiento y seguro incluido y que al cabo de tres años, más o menos, se renuevan.

Esta semana estuve en un concesionario gallego estudiando la posibilidad de renovar el coche familiar y me sorprendió la pregunta del vendedor: «¿Estás seguro de que lo quieres comprar?»

Ante mi perplejidad por la pregunta me explicó que si no lo quería comprar ellos me ponían el coche en mi puerta con un contrato por el cual, pagando una tarifa plana mensual, lo podría usar el tiempo que quisiera, incluidos los mantenimientos y el seguro. Solo tendría que ponerle la gasolina y cuando me apeteciera, más o menos, se lo devolvía o me lo cambiaban por otro modelo.

Y lo cierto es que, ya en España, uno de cada cinco coches nuevos no se compra, sino que se alquila. Es decir, que los que lo conducen no son sus propietarios, sino sus usuarios. El futuro va por ahí, ya no queremos fardar de coche, solo tener el que nos gusta disponible cuando lo necesitemos.

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