La tumba anti-Hitler

En el interior de una cantera de piedra en el centro de Francia escondieron en 1940, antes de la ocupación nazi, más de una treintena de vehículos. La cueva fue el escondite perfecto anti-Hitler, si no fuera porque llevan aparcados en la misma posición más de 70 años.


Un profesor belga y aficionado a la fotografía de ruinas industriales consiguió encontrar esta mina abandonada repleta de vehículos. Según su descubridor «habíamos escuchado esta historia varias veces, una leyenda que aseguraba que muchos vehículos habían sido escondidos bajo tierra». Este fotógrafo llevaba varios años buscando en diversas zonas sin éxito hasta que por casualidad encontró a una persona que decía que había estado allí hacía muchos años pero no recordaba el lugar exacto. A modo de mapa del tesoro online, gracias a Google Maps y Google Earth, consiguió encontrar una carretera abandonada que podría coincidir con el lugar descrito por el paisano. «Llegamos allí en el medio de la noche y nos colamos por un agujero, apenas había la más mínima luz». Sobre 40 vehículos de los años 20 y 30 aparecieron de entre las sombras. Un hallazgo que nos recuerda a los descubrimientos de los monuments men, quienes encontraron, en 1945, miles de obras de arte expoliadas por el Tercer Reich y escondidas en minas de sal.

EL HALLAZGO

El principal acceso a la cantera de piedra se encontraba completamente bloqueado por una puerta de acero disimulada por la vegetación. En sus dos corredores en forma de Y se acumulan casi perfectamente alineados docenas de Peugeot, Renault y Citroën. Esta mina, en su día de extracción de bloques de piedra caliza, posee una alta humedad ambiental por lo que ha acelerado el deterioro de los vehículos. El óxido y la corrosión se han ensañado en sus chasis y carrocerías. El grueso de las unidades son modelos populares en su época. Muchos podrían haber sido objeto de expolios de piezas algún tiempo atrás, ya que se encuentran incompletos, aunque todavía se reconocen algunas unidades de Renault Juvaquatre, Citroën BL 11 Tration Avant, o algún Peugeot 202, vehículos cuya valoración en perfecto estado hoy en día no suele superar los 18.000 o 20.000 euros.

ENTERRAMIENTO EXCEPCIONAL

Con el descubrimiento de este hallazgo nos asaltan infinidad de dudas, como el porqué de este enterramiento, que sigue siendo una incógnita. Es cierto que a finales de los años 30, con el inminente comienzo de la guerra, muchos civiles intentaban esconder su pertenencias más preciadas para evitar ser requisadas o robadas; pero en este caso, su número llama especialmente la atención. Una de las razones que cobra más peso es la de evitar la confiscación alemana, aunque otros hablan de un método de cobrar una compensación económica al finalizar la guerra. Incluso algunos hablan de un coleccionista que no sobrevivió a la guerra llevándose su secreto a la tumba. Lo que sí es cierto es que por ahora se desconoce la razón real de este enterramiento excepcional. Además, su descubridor no ha revelado, por ahora, su ubicación, alegando que, por cuestiones de respeto a todo lo que fotografía, nunca revela sus hallazgos.

LA REQUISA EN GUERRA

La requisa de vehículos fue una práctica muy común durante la guerra. A finales de los 30, en el caso de Francia, y ante una inminente guerra, el ejército francés recurre también a la requisa de vehículos civiles para engrosar su parque militar. Práctica que no resultaba una confiscación propiamente dicha, ya que obligaba a vender el vehículo a un precio determinado, lo que supuso casi el 40 % del parque de vehículos civiles. A partir de 1940 se sumó el ejército alemán a esta praxis, quién reutilizaba los materiales de cada automóvil para usarlos en la fabricación de sus propias máquinas de guerra y armas. Ya en plena guerra, los nazis sí confiscaron por la fuerza gran cantidad de vehículos para sus necesidades de transporte de oficiales, de tropas o de suministros.

Una vez robados eran pintados con los colores militares y rematriculados. Muchos vehículos franceses, como anécdota, participaron en la invasión de la entonces URSS, en el verano de 1941.

Tras la guerra, el general De Gaulle lanza un programa de compensación económica para todos aquellos dueños con automóviles requisados, confiscados o destruidos por el combate. Todo ciudadano francés podía solicitar su indemnización si su vehículo se hubiese perdido en el transcurso de la confrontación armada. Un hecho que hace pensar, en este caso, que aunque en un primer momento el objetivo fuese el de proteger los autos, pudo no compensar la recuperación legal de estos vehículos al ser, sus dueños, recompensados por el Gobierno francés tras la Segunda Guerra Mundial.

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