Galicia pisa fuerte en Ginebra


Recuerdo que, cuando hace años llegaba uno al aeropuerto de Ginebra para asistir al salón del automóvil y tomaba un bus o un taxi hacia el centro, para hospedarse en los numerosos hoteles que flanquean el lago Leman, la primera impresión luminosa que recibías, ya en pleno centro, era un gigantesco rótulo luminoso, en una de las esquinas más vistosas de la ciudad, que decía Caixa Galicia. Después, si tenías un rato para pasear por sus calles, volvías a tener muestras de la galleguización suiza en numerosos bares de tapas y casas de comidas que, muchas veces con toponimia gallega, anunciaban que un camarero de los años sesenta había prosperado y se convertía en empresario de éxito. Con el paso de los años el gran rótulo luminoso pasó a otro más discreto de Abanca y poco a poco los camareros de los sesenta fueron dejando paso a los modernos gastrobares, porque la jubilación les hizo regresar al terruño.

Este año, ya sobre las moquetas del propio salón del automóvil, volvimos a vivir un episodio de ensalzamiento gallego que hace años no experimentábamos en Ginebra. Rodeados por rutilantes deportivos de preparadores, por berlinas de lujo o por carísimos SUV premium, en los expositores de Citroën y Peugeot lucían con descaro, en puestos de privilegio y rodeados por cámaras y presentadores de las televisiones de todo el mundo, dos gallegos de pro, el Citroën Berlingo y el Peugeot Rifter, con una planta con la que nadie se atreverá a llamarles ya con ese a veces despectivo nombre de furgonas, porque los jóvenes vehículos gallegos lucen planta de monovolumen, de crossover o sabe Dios de qué porque son auténticos cochazos para familias que gusten de la naturaleza, para jóvenes con aficiones de acción y deporte, o para profesionales que amen la versatilidad que solo estos dos productos gallegos pueden darles.

El salto cualitativo que han dado estos productos de Peugeot y Citroën ?también de Opel, aunque esta marca no exponía en Ginebra? salidos de la fábrica de la Zona Franca de Vigo es tal que auguran un éxito comercial capaz de emular al de sus antecesores, como la C15, o los anteriores Berlingo y Partner, que se han extendido a millones por todo el mundo.

Hay que pensar que del éxito de estos vehículos, junto al de los productos textiles del otro gigante gallego, va a depender la balanza comercial de nuestra comunidad en los próximos años. Hay que valorar también que en Ginebra pudimos ver los últimos productos de marcas como Ferrari, Lamborghini, Rolls Royce, Jaguar, Porsche y otras muchas, con coches que sacan el hipo con precios por encima de las seis cifras.

Pero allí estaban el Citroën Berlingo y el Peugeot Rifter, luciendo su galleguidad de productos probados por las duras corredoiras gallegas, por las serpenteantes curvas de nuestras carreteras comarcales, a prueba de ciclogénesis y borrascas, hechos pieza a pieza por manos gallegas, esas manos que en los últimos sesenta años han demostrado, que en este curruncho también se saben hacer buenos coches, como en Detroit, en Munich o en Japón. Este año en el Salón de Ginebra retomamos el orgullo gallego como cuando veíamos aquel rótulo luminoso. Viendo la expectación que Berlingo y Rifter levantaron en Ginebra, tomamos nota de que, en el automóvil, ya somos potencia.

TRANSPORTES AUTÓNOMOS

Resulta llamativo comprobar cómo en el Salón de Ginebra tres diferentes fabricantes aportaban una visión común del transporte colectivo del futuro. Un transporte que al ser eléctrico no producirá ruidos ni humos y, al ser autónomo, podrá prescindir incluso de conductores. Es decir, que usted llamará mediante una aplicación de su móvil a un vehículo que acudirá desde el punto más cercano y le llevará adonde usted marque como destino. El pago ya lo hace su móvil de forma automática, pero no será oneroso.

Ese coche se moverá de forma limpia, silenciosa y segura al estar conectado con el resto de vehículos. Cuando usted decida lo podrá abandonar sin preocuparse ni de aparcar, ni nada más. Cómodo parece, desde luego, y Renault con su EZ-GO, Volkswagen con su Mobility Sédric y hasta la firma de ingeniería Rinspeed con su Snap apuestan por este futuro que puede acabar con el transporte urbano colectivo, buses y taxis, tal y como lo conocemos hoy.

Pero desde luego amenaza también con la actual idea que tenemos del transporte individual, el conocido como mi coche, que podría pasar a ser el coche de todos, como ya se ha empezado a ver con el actual carsharing en Madrid.

VOLAR POR ENCIMA DE LOS ATASCOS

G inebra nos trajo también una idea más avanzada, al menos en el tiempo, para el transporte por la ciudad, una idea basada en coches que en determinados momentos puedan alzar el vuelo para esquivar atascos. Un grupo holandés presentaba el PH-PAV, un coche con rotor plegable que lo convierte en pocos segundos en helicóptero. Digno de una película de James Bond, pero una solución tan original como difícil de encajar, a no ser que el próximo permiso de conducción sea también para pilotos civiles de aviación.

Pero el PH-PAV no era la única propuesta de coche volador, ya que Audi está involucrada en otro proyecto con Airbus como socio. En este caso, en vez de desplegar un rotor la solución está en acoplar un módulo con cuatro rotores, a modo de gigantesco dron, a un coche convencional de pequeño tamaño.

Por ahí va el futuro también en la industria del automóvil. Pero si pensamos en los quebraderos de cabeza que va a suponer implantar la conducción autónoma terrestre, qué vamos a pensar de la conducción mixta tierra-aire.

La movilidad del futuro pasa por soluciones ingeniosas que transformarán las próximas décadas en una aventura apasionante.

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