El almacén secreto de Porsche

Todo el mundo puede visitar el museo Porsche de Stuttgart, con casi 100 joyas de cuatro ruedas en exposición, pero no todos saben que acumula, además, otras 500 en un almacén. es el arsenal del museo. Desde coches de carreras hasta prototipos únicos esperan la oportunidad de ser expuestos en la galería estrella, aunque algunos puede que nunca lleguen a exhibirse: son los patitos feos de porsche, aunque todo depende del punto de vista desde donde se mire.


Redacción

Escondido a miradas indiscretas en un callejón de Stuttgart existe un almacén de 9.500 metros cuadrados, más grande que la plaza del Obradoiro de Santiago, donde duermen muchos de los vehículos que forman parte de la historia del automóvil y en concreto del pasado del gigante alemán Porsche. En una edificación de varias naves unidas entre sí, con largos corredores, un sistema contraincendios de última generación y una temperatura controlada digitalmente, dormitan 518 vehículos bajo una estética de taller de coches antiguo, eso sí, perfectamente limpio aunque con un fuerte olor a aceite usado.

UN ALMACÉN MUY VARIADO

Allí descansan primeras unidades de alguna versión preserie, vehículos de carreras, experimentos inacabados o ejercicios de diseño que nunca pasaron a producción, incluso hasta tractores Porsche. Muchas son unidades míticas muy codiciadas por los amantes de la marca, pero también hay sitio para aquellos que se quedaron en proyectos casi desconocidos, por una belleza cuestionada, una tecnología pobre o simplemente porque su alto coste de fabricación no les permitió ver la luz. Según cuenta el director de la colección de coches clásicos Alexander Klein, algunos vehículos ni siquiera han sido ni lavados, como por ejemplo ciertos porsches ganadores de Le Mans: «Nos gusta que mantengan incluso los mosquitos aplastados contra el parabrisas de su última carrera». Largas filas de 928, de 915, de 959 o de 911 de todos las décadas reposan en perfectas condiciones de uso. Según el responsable «tienen todos los fluidos vitales y baterías optimizadas para arrancar en cualquier momento».

VERSIONES ESPECIALES

Casi todos los vehículos han sido propiedad de Porsche desde el primer momento, aunque de vez en cuando compran alguna unidad como refuerzo de la colección. Dentro de las rarezas de la marca se encuentra el abuelo del actual Panamera, que se denominó 989 y fue una berlina deportiva desarrollada en 1991, aunque nunca pasó a producción. Otro que llama la atención es un 996 blindado con cristales de 4 centímetros y carrocería reforzada, eso sí, con 180 kilos encima que podrían comprometer su dinamismo, aunque según Klein conserva intacto su espíritu Porsche. El almacén también esconde otro rara avis como el 911 de cuatro plazas, un proyecto de los años 70 que cuenta con dos asientos traseros más grandes para que cupiesen dos adultos. Otro intento de berlina que no pasó el corte fue el 928 con puertas traseras de apertura en sentido contrario. En muchos casos se utilizaba un coche de serie, en este caso el 928, que se seccionaba y se alargaba 30 o 40 centímetros. Sin embargo la fórmula no tuvo éxito, su estética fue muy cuestionada, posiblemente al compararlo con el original.

EL MINI DE PORSCHE

Otro ejercicio de diseño fue el 984, de pequeñas dimensiones y líneas muy limpias, que plegaba su techo hacia atrás para hacerlo descapotable. Estos son solo ejemplos de algunas apuestas arriesgadas que la fábrica ha experimentado y algunos no han resultado muy agraciados.

Muchos esperan su momento de gloria cuando los gestores del museo se decidan exhibirlos. Alejados de las miradas, donde las visitas se realizan a cuentagotas y solo para personas especializadas, estos patitos feos esperan otra oportunidad de convertirse en protagonistas.

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