Carmena y Colau impulsan el coche eléctrico


Ni el mismísimo Miguel Sebastian, aquel bisoño ministro de Zapatero que de repente soñó una España convertida en una Arcadia donde solo circularían vehículos eléctricos, podía imaginarse que tras el fracaso de su ofensiva móvil llegarían, poco más de seis años después, dos aguerridas alcaldesas de la rama izquierda, como él mismo, y se erigirían en las auténticas impulsoras de los coches movidos con baterías.

Recordemos que aquellos fantásticos planes de Sebastián preveían que en una década el 10% de las ventas serían de coches eléctricos, al tiempo que se desarrollaría una incipiente red de cargadores por doquier, desde calles hasta aparcamientos públicos, desde estadios de fútbol hasta estaciones de tren o aeropuertos. Para ello el bueno de Don Miguel invirtió los cuartos del Ministerio de Industria en la creación de planes de incentivos para las ventas de coches eléctricos, en subvenciones a empresas que se pusieron a fabricar con ahínco nuevos modelos, amén de otras que se colaron de rondón vendiendo humo de electrolineras de las que, una vez cobrada la subvención, nunca más se supo. Fracasó.

Pero, sustituido el ínclito ministro por otros que pusieron sus miras en que la industria del automóvil recuperara el pulso tras la crisis, llegaron las dos alcaldesas, Carmena y Colau, Manuela y Ada, que enseguida se hartaron del humo que se veía sobre sus respectivas urbes, la madrileña y la catalana, y mandaron parar. Y claro, lo primero y fácil son los automóviles, que lo de las industrias es intocable y las estufas de los hogares es de desalmados. Seguramente que Manuela y Ada soñaron una Castellana o una Diagonal repleta de silenciosas y limpias bicicletas, rodando camino del trabajo impulsadas por las pantorrillas de sus alegres propietarios, que de paso hacen ejercicio cardiosaludable.

De ahí a pensar que el día sin coches era una gran idea fue todo una. Y de paso, con esta idea tienen a su personal, el que las vota, churrados con el happy day without smoke. Porque no se vayan a creer que el repentino impuso del coche eléctrico que casi al alimón surge de las dos grandes urbes españolas es fruto del convencimiento de sus bondades. O que la conciencia ciudadana del español medio ha cambiado 180 grados y pasamos con alegría del ruidoso y humeante buga al silencioso y limpio eléctrico. Atención al dato; en los primeros diez meses del año se han matriculado 52.000 coches híbridos y eléctricos y estos últimos crecen hasta un 85%. Todo ello bajo la amenaza del se va acabar…

Así que Carmena y Colau, tanto monta, han conseguido insuflar en los españolitos la conciencia ecológica, o eso parece, vamos. Porque muchos no pasan por eso de la bicicleta, que lo de sudar es de ordinarios y prefieren comprarse un buga eléctrico, mira tú que mono y que además no contamina y mola mogollón. Carmena y Colau, forjadoras de tendencias, ellas solas contra el mundo, cual cruzadas contra los humos. ¿Y ahora qué hago yo con mi apestoso diésel, acosado por los vecinos que me miran mal, como si fuese un delincuente? Disculpen, me voy al trastero a ver si todavía guardo la Orbea ochentera de mountain bike, que mañana es día sin coche y tengo que ir al curro.

la opinión de

JUAN ARES

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