Conducción en otoño: menos velocidad y más distancia

El otoño todavía no nos ha azotado con extrema crueldad, pero es evidente que el invierno está más cerca y con él llegan esas noches tempranas, esas carreteras mojadas, esa visibilidad escasa y el frío en los lugares mas altos de galicia. Tenemos que preparar nuestro vehículo y adaptar nuestros modales de conducción, resumidos en menor velocidad, mayor distancia y más suavidad.

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Puede parecer una paradoja pero la machacona canción del verano es la que mejor nos aconsejaba para la conducción en invierno: despacito, suave, suavecito...

En cuanto las carreteras se ponen delicadas de niebla, lluvia y frío tenemos que tomar dos decisiones fundamentales para nuestra seguridad: reducir la velocidad y aumentar la distancia respecto a los coches que nos preceden. Con eso ya ganamos un margen importante y eso lo sabe hacer cualquiera. La tercera pauta es una conducción más suave, que se manifiesta en anticiparse mucho más a las frenadas, ser más sensibles también con el acelerador y sobre todo ser muy cuidadosos con el volante. Los giros bruscos y las patadas al freno o acelerador pueden sacar nuestro vehículo de su trayectoria y hacer que perdamos el control. Y eso vale lo mismo para los coches básicos como para los que están cargados de tecnología y electrónica, que también serán más pesados y con centros de gravedad más altos.

No podemos fiarlo todo a los ABS y los controles de estabilidad, porque si forzamos las situaciones estos pueden ser insuficientes. Las conducciones agresivas, denostadas en cualquier situación, son mas flagrantes todavía en invierno, donde los coches tienen unos límites de adherencia menores. Hay que entender que cada vez que damos un volantazo o hacemos una frenada apurada estamos cambiando los centros de gravedad de nuestro coche, jugamos con los pesos y los apoyos de las ruedas, que son los únicos puntos de contacto del coche con el asfalto. Anticipación.

La escasa visibilidad, por falta de luz diurna en las horas de tarde y noche, agravada además por la lluvia sobre los cristales y el empañamiento interior de los mismos nos expone más a colisiones contra otros vehículos, peatones u objetos fijos, por lo que de nuevo hay que hablar de reducir la velocidad en esas circunstancias.

Y es en invierno donde también debemos ser más solidarios los conductores, con otros que pueden ver mermadas sus capacidades en estas condiciones más delicadas, o con vehículos más expuestos como las motos o las bicicletas, y qué decir de los peatones escapando de la lluvia con los paraguas que no les dejan ver si se aproxima un coche.

La conducción invernal requiere destreza y sensibilidad y es la que demuestra el auténtico nivel técnico de un conductor.

Preparación del coche

De poco vale toda la habilidad de un experto conductor sobre una base mecánica en mal estado. Para pasar un invierno sin sobresaltos sobre el asfalto hay que empezar por revisar cuatro elementos fundamentales: los neumáticos, los amortiguadores, las luces y las escobillas limpiaparabrisas.

Neumáticos con profundidad de dibujo suficiente y uniforme a todo lo ancho de la banda de rodadura, para que drenen el agua que hay sobre el asfalto. Y para eso hay que llevarlos siempre con la presión adecuada.

El amortiguador es el segundo punto que incide en el apoyo del coche sobre el asfalto, complementario con el neumático. Su deterioro propicia que el neumático rebote y no se mantenga siempre pegado al asfalto. Hay que revisarlos como mínimo cada cuatro años, o más a menudo si se hacen muchos kilómetros.

El tercer punto son las luces, fundamentales para ver y ser vistos. Muchos vehículos circulan estos días con sus luces averiadas. Sobre todo las traseras. Una vuelta alrededor del vehículo es suficiente para chequearlas.

Y después es necesaria la visibilidad de dentro hacia fuera. Para eso es recomendable cambiar cada invierno las escobillas y llevar los cristales limpios por dentro para que no se empañen.

Ropa técnica en la moto

Todos los consejos de conducción y revisión del vehículo sirven también para los moteros en esta época. Pero además hay que incluir aquí el apartado de ropa técnica, más prescindible en verano pero necesaria en invierno. Cascos cerrados, chaquetas, pantalones y botas térmicos e impermeables que nos permitan hacer recorridos sin pasar frío ni mojarnos. Y no se trata de ir pintón enfundado en el mono réplica del piloto de moda, sino de llevar ropa cómoda y de calidad. Aquí gastarse unos euros más, a veces, marca la diferencia. Que no nos pille el chaparrón desprevenidos.

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