China enciende la fotocopiadora

Empezó como una práctica anecdótica, pero ahora se multiplican exponencialmente los fabricantes que clonan por completo modelos occidentales. Todo empieza con un «mapeo» minucioso de las piezas con modernos escáneres 3D. La mayor parte están lejos de los estándares de calidad europeos .

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Redacción

La ciudad china de Shanghái es el Detroit de Asia desde hace más de una década. Y ahora el país del lejano oriente suma también la urbe de Wuhan como polo de fabricación de automóviles. Para que se hagan una idea, solo de las factorías de esa ciudad salieron el año pasado casi 3 millones de unidades; el mismo número de coches que se hicieron en todas las de España. El hecho, que esta ciudad es especialmente competitiva por sueldos y preparación de sus trabajadores, se ha consumado de diversas maneras. La más clara, la presencia de Renault, General Motors y PSA. Aliados con marcas locales producen vehículos tan «occidentalizados» como el todocamino Kadjar. Tiene lógica, es uno de los mercados que más necesidad tiene de comprar automóviles: solo el 13% de chinos tiene coche, por el 47% de españoles o el 96% de estadounidenses.

Gusto por lo occidental

Las marcas europeas y americanas aprovechan ese ahorro de costes, pero miran con recelo al gigante asiático al mismo tiempo: Buena parte de «nuestros» modelos best seller tienen su réplica china. «Es muy fácil. Les basta un escáner 3D, incluso transportable. Podrían simplemente ir a un concesionario y mapear un coche». Habla José Ramón Méndez Salgueiro, que hoy dirige la Escuela de Diseño Industrial de Ferrol y que trabajó en la industria automotriz alemana en los 80: «Al tener la nube de puntos -lo que conforma informáticamente el diseño detallado de cada pieza- y la geometría no se necesita nada más». Así que no hay proceso creativo, no modelan primero en barro o madera los modelos antes de llevarlos a la fase de prototipo como se suele hacer normalmente. Culturalmente, además, el cliente chino no entiende la copia como tal, si no que la ve como un tributo al original. Sumado a que, además de en el ámbito económico, su occidentalización llega también a sus gustos y preferencias por nuestros diseños (sirva como ejemplo similar el sinfín de marcas de ropa de lujo europeas con profusa presencia allí), la imitación, siendo burda, se entiende mejor: «Es como si a mí me encargan para China un bar destinado a auténticos chinos... ¡No sabría qué dragones poner!», apostilla Méndez.

Fabrica como alemán

Méndez Salgueiro recuerda con nostalgia desde su actual puesto en la universidad su etapa en el departamento de interiores de Audi. «Hace 30 años empezábamos a instalar las pantallas digitales del ordenador de a bordo», aporta al respecto. «Le llamábamos mäuse kino (en alemán, «el cine de los ratones») y entonces era algo de una gran complejidad, que después se fue haciendo más rentable». Lo que prentende explicar el hoy docente en diseño de la Universidade de A Coruña es que lo peligroso no es que los chinos copien algo. Lo que puede hacer temblar el mercado del automóvil es que China descubra por sí sola los procesos y sea capaz de innovar. «Fabricar un coche supone estampados, mecanizados, inyección de plásticos... generas una industria auxiliar; en definitiva, tienes el know-how (el saber cómo producir en masa) de muchas otras cosas», concluye.

Y es que China ya ha demostrado que sabe hacerlo. Basta acudir a la electrónica de consumo para ver cómo Xiaomi o Huawei hablan de tú a tú a Apple y Samsung. Afortunadamente para nuestros intereses económicos, parece que el reinado occidental en el mundo del motor no corre peligro todavía. «Su punto flaco sigue siendo la seguridad y técnicamente aún no tienen nuestro nivel», sigue Méndez. Que advierte además que para seguir yendo un paso por delante el I+D será fundamental. Que el futuro del automóvil sea eléctrico es una buena noticia para la capa de ozono, pero no tanto para nuestros fabricantes. Somos expertos en motores térmicos, muy avanzados a nivel de ingeniería: «Un motor eléctrico es mucho más fácil de hacer, lo único complicado es tener energía gracias a las baterías», comenta el experto. Va a haber que ingeniárselas por tanto para seguir ofreciendo productos que hagan sombra al dragón asiático antes de que lance su llama.

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