Ni Stuttgart ni Palo Alto, sino Galicia


En una Galicia donde generalmente ensalzamos valores como el paisaje, el turismo, la gastronomía o incluso el espíritu trabajador de sus gentes, nos falta tirar un poco de orgullo para dar a conocer al mundo que hay otra Galicia que se esconde detrás de sus grupos industriales, que, por sí mismos, son ejemplos de brillantez y resultados. Hablamos claramente del textil, la automoción, el naval, la pesca, aunque hay muchos más, donde somos potencia mundial y los productos que se fabrican aquí son reconocidos en todos los continentes.

Y cuando hablamos de automoción, que es lo que hoy nos ocupa, hay que decir que cualquier gallego que viaja por el mundo puede sentirse orgulloso cuando por una calle de Hong Kong, de Buenos Aires o de Estambul ve pasar un Berlingo o un Partner, un C4 Picasso o un C Elysée, fabricados en Galicia. Son símbolo de una pujante industria puntera en tecnología.

Cierto es que la humildad y la falta de autoestima nos lleva muchas veces a ensalzar lo ajeno y cuando se nos habla de los logros de la industria automovilística, que en cinco años tendrá ya por las carreteras de todo el mundo coches autónomos, interconectados entre sí, capaces de rodar sin la asistencia de su conductor, y capaces de adelantarse a los accidentes o colisiones porque estarán dotados de cámaras y radares y rodarán conectados por 5G con el resto de los vehículos, creemos que eso es gracias al genio de un alemán de Stuttgart, o al de un americano de Palo Alto en California. Y no es así. Al menos no del todo. Porque en Galicia tenemos una de las joyas tecnológicas europeas, un centro de investigación y desarrollo puntero a nivel mundial, aunque poco conocido para, incluso, los que vivimos a pocos kilómetros de él.

El Centro Tecnológico de Automoción de Galicia esconde un potencial enorme. Yo diría que ha sido uno de los mayores aciertos de la Xunta de Galicia, un centro puntero en I+D capaz de ponerse al lado de un gigante de la automoción europea como PSA, no olvidemos que ya son cuatro las marcas de su entorno industrial (Citroën, Peugeot, DS y Opel) y convertirse en su punta de lanza investigadora en tecnologías como la del coche autónomo.

Los seiscientos trabajadores del Centro Tecnológico de Automoción de Galicia, casi todos ellos ingenieros salidos de las universidades gallegas y además con una media de edad muy baja, están realizando un trabajo magnífico en el desarrollo del coche autónomo que, como definió Carla Gohin, la directora de Innovación del grupo, estará en la calle en el 2020. Un proyecto de esta envergadura requiere tecnologías punteras que son desarrolladas en ese CTAG, junto a otros proyectos que se están realizando también para otros grupos industriales, algunos alemanes incluidos.

Y es que no hay que ser de Stuttgart ni de Palo Alto para trabajar en un centro puntero de la automoción mundial. En ese mismo O Porriño, donde se exporta granito para todo el mundo, los jóvenes gallegos del CTAG le enseñan al mundo cómo será el automóvil del futuro. Y lo hacen sin complejos. Pero tenemos que sacudirnos la proverbial humildad gallega, hinchar el pecho y presumir también de coches, gallegos y punteros.

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