Cuando Jorge Prado (Lugo, 2001) cumplió los 16 años, su equipo decidió que estaba preparado para competir por el Mundial de MX2. El reto era mayúsculo porque, a pesar de ser una de las grandes promesas del motocrós internacional, se encontraba en pleno cambio físico y nadie sabía cómo iba a responder. Por delante una veintena de pruebas al máximo nivel concentradas en nueve meses. Toda la ayuda era poca y la moto era un aspecto fundamental.

El piloto lucense probó la montura oficial de KTM a finales de la temporada pasada. Completamente volcado en el Europeo de 250, reconocía que «no tiene nada que ver competir con una moto oficial. Se nota en el motor, en las suspensiones, se nota al correr. Ahora tengo la mejor de la parrilla». Más caballos y más potencia llegaron a la máquina de Jorge Prado, la barra de suspensión pasó de los 48 milímetros a los 52 para darle más opciones de regulación y se apostó por amortiguadores más ligeros y con mayor capacidad de ajuste. Cada detalle pensado concienzudamente para ayudar al piloto más pequeño del lineal a conseguir su sueño: quedar en el top cinco cumplido el calendario. 

La base para la moto de Jorge es la KTM 250 SX-F, que domina en el Mundial de MX2. La potencia del motor se une a un par elevado y un chasis ligero, una combinación exitosa que ha impulsado este modelo al podio año tras año. El motor alcanza las 14.000 revoluciones por minuto con un diseño compacto que centraliza las masas y ayuda a que las maniobras sean más orgánicas. Otro factor clave es el peso: apenas 26 kilos. De hecho es determinante en el diseño de las SX. Es el modelo más estilizado y ligero de KTM para la competición (la moto de serie tiene un peso total de 98,2 kilos sin combustible). Prado tocó el cielo el pasado mes de abril en Pietramurata (Italia), con su primer oro en una prueba del circuito. 

DE PROMESA A REALIDAD

Jorge apenas tenía 10 años cuando KTM, la marca más poderosa del motocrós internacional, se fijó en él. Ataron al piloto lucense con cinco años de contrato, una «tranquilidad» para la familia, que podía centrarse en desarrollar un futuro deportivo de garantías para Prado. Atrás dejaron desplazamientos en autocaravana y pudieron contar con un mecánico que se encargase de las reparaciones. La progresión fue meteórica. Jorge dio el salto ese año a los 85 centímetros cúbicos, se trasladó a Bélgica para vivir cerca de los mejores circuitos y los premios empezaron a multiplicarse en su vitrina.

Hoy su juventud no le impide estar en el top diez internacional y cuando termine de desarrollarse físicamente será uno de los pilotos más temibles de la parrilla. Séptimo en la general del Mundial de motocrós para MX2, Prado ya ha demostrado ser el más veloz en las salidas, proclamándose el rey de los holeshots a tres pruebas para que termine el calendario.

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Una moto a medida para Prado