Un híbrido con mucho carácter

Hyundai acaba de presentar una triple oferta para un futuro más limpio, el Ioniq, con una gama compuesta por un eléctrico puro, un híbrido y un futuro híbrido enchufable. Nos hemos subido al segundo, que viene a disputarle a Toyota una parte del goloso pastel en que se convertirá este mercado.


Redacción / La Voz

La cuenta atrás para los diésel acaba de empezar. Al menos en las ciudades de México D. F., París o Madrid, que ya han puesto fecha a la prohibición de rodar con esta mecánica, el 2025. La alternativa a las prestaciones unidas a un bajo consumo pasa por la electricidad. Hyundai lo tiene claro y lanza una triple oferta en su modelo Ioniq, del que hemos probado la opción Hybrid, que combina un motor de gasolina con otro eléctrico alimentado por una batería que se recarga con la inercia y al frenar. Gracias a esta segunda unidad motriz no solo tendremos un empujón extra cuando queramos potencia, sino que además veremos cómo caen las medias de consumo gracias al empuje de los iones. Al menos eso es lo que promete Hyundai. 

Al volante

El Ioniq no decepciona. El enorme par de su motor eléctrico nos dispara al arrancar, aunque si queremos mantener los consumos a raya será mejor que seamos cautos al accionar el pedal derecho. La conducción por las calles de la ciudad es placentera si el conductor se pone en modo suave... a sí mismo, claro. Solo con soltar el pedal del freno el coche echa a andar despacio, incluso en cuesta, antes de que empecemos a acelerar. La caja automática va engranando las marchas y, aunque se notan los cambios de relación, el coche gana velocidad con suavidad y, sobre todo, un notable silencio de marcha.

Para el día a día, el Ioniq convierte la rutina de salir de la urbe al trabajo en una experiencia relajante, limpia y económica si nos adaptamos a la calma que impone el tráfico urbano para obtener la mayor eficiencia de su planta motriz. Si en el ordenador de a bordo visualizamos la autonomía, veremos pasar los kilómetros sin que aquella disminuya ni un punto. Y es que este Hyundai donde muestra sus mejores registros homologados es en ciudad: unos frugales 3,4 litros cada 100 kilómetros con unas emisiones de 79 gramos de CO2 por kilómetro.

Al coger la autopista, nos movemos dentro de los límites máximos legales con desahogo, y con la comodidad del control de velocidad adaptativo. El interior sigue en silencio mientras el Ioniq sube sin fatiga aunque, eso sí, se ve obligado a echar mano con más insistencia de la gasolina y la media de consumo empieza a subir.

Es al salir de la autopista a carreteras convencionales y comarcales cuando decidimos destapar su cara mister Hyde. Un leve toque en la palanca de cambios y entramos en el modo Sport: la esfera del velocímetro cambia a un color rojo excitante y se convierte en un cuentarrevoluciones con indicador de velocidad digital, el cambio queda bajo nuestro control y el motor ruge cuando aceleramos sin recato. Enlazar curvas resulta divertido. El Ioniq gira muy plano y sus reacciones son nobles. Frena bien y sale del giro sin aspavientos ni sorpresas, dibujando una trayectoria neutra. En suma, permite una conducción rápida y divertida.

De regreso a la ciudad, mantener el modo Sport ya no tiene sentido: devolvemos la palanca a su posición D y dejamos que el Ioniq recupere el control de una marcha eficiente. Hemos rodado rápido y nos hemos divertido, todo con un consumo medio sorprendente, por debajo de los 5 litros, al que seguramente contribuye su aerodinámica. No es el consumo homologado (nunca lo es), pero, tratándose de un motor de gasolina al que hemos exprimido, sí es una cifra como para valorar esta alternativa, más limpia, eso sí, al diésel.

Mucho equipamiento

El acabado Style que probamos es el superior de la gama Hybrid. Por menos de 30.000 euros (sin promociones) ofrece tapicería de piel, techo practicable de cristal y asiento del conductor regulable eléctricamente.

Más equilibrado, el acabado Tecno renuncia a lujos prescindibles pero no al equipamiento de seguridad ni al de confort. Entre el primero, además de siete airbags, cuenta con multitud de ayudas a la conducción: control de arranque en pendiente, control de velocidad crucero adaptativo y limitador de velocidad, ESP, control de tracción, luces de xenón, gestión de la estabilidad dinámica (VSM/VDC), aviso de cambio involuntario de carril, aviso de colisión frontal, frenada de emergencia y ABS con repartidor de frenada.

Para quienes prefieran renunciar a algunos accesorios, una versión más austera, la Klass, por menos de 24.000 euros, no renuncia a las prestaciones. Puede parecer un precio alto, pero se trata de un coche automático con mucha capacidad y mucha tecnología.

El Ioniq muestra información, alguna repetida, en dos grandes pantalla. En modo Sport, la que está frente al conductor cambia de aspecto y muestra un cuentarrevoluciones. La pantalla central, que también sirve para la cámara trasera, es táctil y sirve como centro multimedia (para controlar la radio DAB, el teléfono inteligente y las entradas AUX y USB), como navegador (TomTom) y como centro de información. Climatizador bizona, carga inalámbrica del móvil, llave inteligente con sensor de proximidad y botón de arranque completan el equipamiento.

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