Él los devuelve a la vida

Juan Lumbreras  lleva más de veinte años de actividad en sus talleres de Mos,  de los que salieron auténticas obras de arte que ahora están en los garajes  de afamados coleccionistas


Para Juan Lumbreras (Vigo 1956) todo empezó casi como un juego de niños cuando a sus  23 años cayó en sus manos un viejo Austin Healey de los años 50 y poco a poco acabó restaurándolo para dejarlo como nuevo.

-¿Quién te metió el gusanillo de recuperar vehículos clásicos?

-Fue mi amigo Jorge Piño con el que empezamos a tocar primero motos clásicas y después, ya con el Austin hice mi primer coche y me dí cuenta de que era lo que en realidad me gustaba, así que abandoné el negocio de hostelería que tenía y me embarqué en este mundo.

-¿Y desde entonces cuántos coches han pasado por tus manos?

-Pues calculo que sobre 300 o 400 coches. Al principio era algo que hacía personalmente, de forma muy artesanal, pero después, en 1998, me establecí ya como empresa, en estos talleres, donde seguimos trabajando con la premisa de la artesanía, la tradición y el amor por los coches clásicos.

-¿Cuál es el coche del que te sientes más orgulloso de los que han pasado por tus manos?

-Curiosamente la que considero mi mejor obra fue un Bugatti T 57, de los años treinta, en el que trabajamos todo el equipo, con Nicholas James Calbert a la cabeza, que fue una persona fundamental aquí hasta que falleció hace cuatro meses. Y digo curiosamente porque ese trabajo aún no lo cobré, a pesar de que hace ya algunos años que lo entregué.

--¿Con qué marcas te gusta trabajar?

-Fundamentalmente me gustan Jaguar y Mercedes porque encuentras cualquier pieza de todos sus modelos históricos, cosa que no ocurre con otras marcas como Porsche, Alfa o  Bugatti, por ejemplo.

-¿Y que coche te gustaría hacer todavía?

-Bueno esto dejó de ser ya un hobby y se convierte en un negocio, porque a final de mes hay que pagar las nóminas, así que cualquier coche me gusta, pero quizás la marca Aston Martín me atrae ahora especialmente, ya he trabajado algunos y creo que tienen mucha proyección sus clásicos. Recuerdo que hace años a un cliente que tenía varios Ferraris le dije que Ferrari era un coche de futbolistas, y le aconsejé que se comprara un Aston Martín. Ahora tiene cuatro.

-Dicen que comprar un clásico es una buena inversión. ¿Es cierto?

-Qué te voy a decir yo, que todo lo que gano lo vuelvo a invertir en comprar coches aunque algunos sean casi chatarra, pero sí que es cierto que la crisis parece que ya pasó en 2013 y los dos años siguientes fueron buenos, pero ahora empieza a estabilizarse el tema. Además los fondos de inversión han entrado en este mercado y desvirtuaron los precios, pero hay que tener cuidado. Hay inversores que pagaron cuatro millones por algún coche y a los dos años lo vendieron por dos y medio, o sea que no todo es tan fácil como parece.

-¿Cuantos restauradores hay en España?

-Al nivel que trabajo yo ahora estamos tres, Olivié en Cataluña, La Cochera en Madrid y yo en Galicia. Pero hay muchos más de menor producción. Esto se ha convertido en un negocio global también por culpa de internet. A mi me compran coches en Inglaterra, en Alemania, en Francia, en Bélgica, en cualquier parte del mundo.

-¿Y te sientes reconocido?

-No se puede ser profeta en tu tierra. Creo que soy mucho más conocido en Portugal, Inglaterra o Alemania que en España.

-¿Cual es el secreto en este trabajo?

-Mira, aquí en la restauración de coches tiene que haber un alma mater, una persona que vigile que se mantenga la calidad en el trabajo, que el proceso siga siendo artesanal y no se convierta en algo industrial, que es la tentación en que puedes caer si te importa más el dinero que la calidad. Tienes que tener auténtico amor por lo que haces, tratar a cada coche como si fuera un hijo tuyo y seguir sintiendo la pasión.

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