La prueba: Mini Clubman, para toda la familia

La carrocería Clubman, tradicional en la marca, se presenta ahora con una versión de cinco, o seis, puertas, según se vea, que lo convierte en el primer familiar de la gama y se postula como primer coche de la casa


En Mini sabían que difícilmente una familia con hijos iba a pensar en un modelo de su gama como primer coche de la casa. Así que le han puesto remedio lanzando esta versión Clubman con una carrocería que llega hasta los 4,25 metros (27 centímetros más de largo y nueve de ancho que el Mini convencional) y que además cuenta con cinco auténticas puertas (hasta el momento el Clubman solo tenía una trasera lateral muy angosta), que en realidad son seis ya que una seña de identidad de este modelo es su doble puerta trasera en vez de portón de acceso al maletero.

Seis motores

El Clubman sale así al mercado con un precio que va desde los 23.800 euros en la versión One de gasolina,   de 102 caballos, hasta los 31.900 del Cooper SD de 190 caballos.

Un Mini que, haciendo honor a su nombre, reduce el tamaño de sus motores en tres de las seis versiones disponibles, al emplear los tricilíndricos que ya empiezan a ser un estándar en coches pequeños.

La gama se establece como es habitual en la marca, en tres versiones de gasolina y tres diésel. En gasolina el One de 102 caballos y tres cilindros, la Cooper, también tricilíndrico con 136 y el Cooper S, ya con cuatro cilindros y 192 caballos, mientras en diésel contamos con el One D de tres cilindros y 116 caballos y con el Cooper D y Cooper SD de cuatro cilindros, con 150 y 190 caballos respectivamente. 

Las cajas de cambio de serie serán manuales de seis velocidades, aunque opcionalmente están disponibles las automáticas Steptronic de seis marchas y por primera vez en Mini la de ocho velocidades, compatible con los motores grandes de cuatro cilindros.

Compartir plataformas con BMW le da un potencial tecnológico a Mini que aprovecha la marca en todos sus modelos. El Clubman es muy exclusivo, para clientes muy puristas, pero ahora lo vemos convertido en un auténtico Wagon, donde ya no es difícil meter las sillitas de los niños en los asientos traseros, accesibles desde dos amplias puertas y con un maletero de 360 litros, ampliable hasta 1.250 abatiendo con facilidad los asientos traseros partidos. 

En cuanto a sensaciones al volante, a pesar de que su mayor distancia entre ejes lo hace un poco más sociable, sigue siendo un coche con el efecto kart, de conducir muy bajo y con un tacto muy preciso y directo, sin restarle un ápice de deportividad. 

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