La prueba: DS 5, como sentirse presidente de Francia por un día

La nueva versión, una redefinición del modelo ya existente, supone el primer lanzamiento de la marca prémium de Citroën como compañía independiente


Liquidado el período de transición, DS, la que había sido en los últimos dos años la marca prémium de Citroën, se lanza al mercado en solitario con el DS 5 2015 que, para los que no estén muy metidos en harina, ha sido presentado como el heredero del legendario Citroën DS Tiburón de los años 50 y 60. A simple vista, poco tienen que ver los dos modelos. Hay que tener mucha imaginación para adivinar bajo las líneas de la robusta berlina del 2015 al elegante modelo diseñado por Flaminio Bertoni, pero les iguala las esperanzas que la marca ha depositado en sus expectativas.

Aunque en realidad una parte importante del DS 5 ya era conocida, el modelo del 2015 aporta algunas novedades que justifican la presentación en sociedad de lo que ya es una marca independiente. Probamos la versión de 180 caballos con cambio automático para entender por qué François Hollande lo ha elegido como su coche oficial. En primer lugar, seguro que al presidente de la República no le ha importado renunciar a unos cuantos centímetros para instalarse en un coche de 4,53 metros ?el Citroën C-5 mide 4,77 metros?, donde el espacio  es mayor de lo que parece. Al volante, sorprendentemente no circular, el diseño proyecta una sensación envolvente en la que todo está cerca pero nada agobia. Al fin y al cabo, varias de las rutinas que debe afrontar cualquier conductor convencional aquí han sido sustituidas por procesos automáticos: desde el cambio de marchas al control de las luces. Poco hay que hacer más que guiar el volante y acostumbrarse a la agradable sensación de conducir, por cierto, con un punto de vista ligeramente más alto que en un vehículo convencional.

Mejor en carretera

Pese a que sus características lo convierten en un coche destinado a los grandes desplazamientos, donde se aprecian sus mejores virtudes, el DS 5 se desenvuelve bien en entornos urbanos, donde hace valer su tamaño moderado, su maniobrabilidad y detalles como el sistema start stop, que apaga el vehículo en los semáforos. Ahora bien, es en la carretera, con kilómetros por devorar, donde el coche realmente se disfruta. El cambio automático es silencioso y sutil. Tanto que el conductor no acostumbrado no tardará en olvidarse que un día condujo un coche en el que había que cambiar de marchas manualmente. Probablemente ahí radique una de las virtudes del modelo: la facilidad con la que se deja conducir.

Los desarrollos más largos permiten situar el gasto en combustible en un más que meritorio 4,4 y convertir el consumo en uno de los atractivos de este nuevo DS 5. Así, el primer lanzamiento de la filial de Citroën que sale al mercado sin el doble chevrón, no protagonizará probablemente una revolución automovilística como lo hizo su antecesor, el celebrado DS Tiburón. Pero resulta un arranque prometedor para la nueva marca; un coche en el que sentirse, por qué no, como el mismísimo presidente de la República Francesa.

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