BMW i8, un juguete que se puede enchufar

Pocos coches como el híbrido I8, de BMW, llaman tanto la atención a su paso por la calle: es un derroche de tecnología, tanto en su diseño como a nivel mecánico. Su precio, 140.000 euros, tampoco pasa inadvertido

Juan Torrón

Cuando se conocieron los primeros datos del BMW i8 todos pensaron que no pasaría de ser un alarde de BMW en forma de concept car imposible, de esos llamados a lucir en los salones y nunca en las calles. Nada más lejos de la realidad. BMW demostró su vocación por lanzar un modelo tal cual con un diseño de deportivo pero una motorización híbrida enchufable y una original construcción en la cual se combina un chasis de aluminio, sobre el que se monta la carrocería de plástico reforzada con fibra de carbono.

Pero lo mejor de todo es que el i8 luce como un deportivo radical, con 4,68 metros de longitud y solo 1,29 de altura, en el que destaca un afilado morro, un cristal trasero muy inclinado que deja ver su motor colocado atrás y una espectacular apertura de puertas en alas de gaviota. Todo esto,  unido a una llamativa combinación de colores, hace que la gente exclame de admiración y se vuelva a su paso. 

Y es que el i8 es un modelo inclasificable, sin competencia, ya que a esa imagen de deportivo radical, casi de inspiración italiana, se une su grupo propulsor de híbrido enchufable, pero con prestaciones de deportivo.

La marca alemana ha montado para propulsarlo un motor tricilíndrico, de gasolina, de 1.5 litros y 231 caballos de potencia, que va en posición trasera. Es la primera vez que BMW monta un motor tricilíndrico en su gama.

A este propulsor hay que sumarle otro motor eléctrico, que mueve las ruedas delanteras con una potencia cercana de 131 caballos. Combinados ambos motores, su potencia es de 362 caballos, para un peso de 1.490 kilos. La caja de cambios es automática de seis relaciones.

Con esta combinación, el i8 es capaz de acelerar de 0 a 100 km/h en menos de 4,5 segundos y alcanzar hasta 250 km/h de velocidad máxima. Pero lo mejor es que BMW anuncia un consumo mixto de 2,5 litros a los cien kilómetros, aunque en nuestra prueba no conseguimos acercarnos a esta cifra en la función Eco, lo cual daría una autonomía de más de 500 kilómetros. Como híbrido enchufable que es, permite una utilización puramente eléctrica con una autonomía de algo más de 30 kilómetros y con velocidades de hasta 120 km/h. La recarga de batería se efectúa en tres horas en una toma normal o en dos si se coloca una caja especial que proporciona BMW. También se recarga en marcha en frenadas y descensos.

Pero lo mejor de este i8 es que proporciona dos experiencias de conducción totalmente distintas. Hemos circulado con él como un pacífico eléctrico por la ciudad, en modo Eco Pro sin ruido, con suavidad y esa sensación de cero emisiones que cada día cobra más valor.

Pero si manejamos  el selector de la consola central Driving Experience Control, podemos seleccionar otros modos de conducción como el Confort o el Sport. En este último se desata la caja de los truenos con sensaciones extremas pero un comportamiento irreprochable de deportivo radical.

El i8 es un coche que exige a su propietario ciertas facultades para entrar y salir de él, debido a la posición muy baja de sus asientos, a las puertas en ala de gaviota y al ancho pilar lateral.

Realmente es un biplaza, aunque lleva dos asientos testimoniales detrás y tampoco tiene mucho espacio para maletas.

El BMW i8 tiene un precio por encima de los 140.000 euros, equiparable a modelos  superdeportivos con los que compite, pero ninguno de ellos con la personalidad de un híbrido enchufable. Esto lo convierte en un vehículo especial, para clientes muy elitistas. En Galicia, Amiocar, en Santiago de Compostela, es el único agente «i», así se les llama a los servicios exclusivos para este modelo.

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