Probamos el Nissan Qashqai

El Nissan Quashqai fue el crossover más vendido en España el pasado año, conquistando a más de diecisiete mil clientes. No hay más que volver la vista atrás en la gama japonesa para comprobar cómo ha sido la evolución desde aquel tosco Patrol de los ochenta hasta nuestros días con los domesticados SUV


El Nissan Patrol, o las unidades que quedan de él en nuestro país, sigue siendo una buena herramienta de trabajo, apta para explotaciones agrícolas, ganaderas o forestales, pero en los que la radio analógica con FM es el mayor vestigio de equipamiento de confort.

Subirse, en cambio, al actual Nissan Qashqai significa disfrutar de todas las bondades de una berlina compacta, pero con un envoltorio de todocamino y una posición de conducción alta y dominante que es lo que le queda de parecido al Patrol de los años ochenta.

Hoy en día hay que olvidarse de la tracción integral permanente y de la reductora en la caja de cambios, típica de los todoterrenos de entonces, para encontrarse con una tracción a las dos ruedas, suficiente para la mayoría de usuarios de este tipo de vehículos, o excepcionalmente con una All Mode 4X4, con la que mejora sus prestaciones fuera del asfalto y que solo emplea la tracción total cuando se hace necesaria.

Lo que realmente se encontrará el conductor de un crossover moderno como el Qashqai es un aporte de tecnología en la que se incluyen sistemas como el de anti-colisión frontal, que monitoriza con un radar la carretera para avisar al conductor o frenar si es necesario el coche en caso de peligro. También detectará la fatiga del conductor tras muchas horas al volante, o las señales de tráfico para avisarnos donde no se puede adelantar o a qué velocidad hay que ir. Por si esto fuera poco, nos alerta del cambio de carril involuntario, o de si se acerca un coche por el ángulo muerto, además de cambiar él solo de luces largas a cortas en carretera, o ayudarnos a arrancar en pendiente. Para los más cómodos una cámara de visión 360º y un asistente de aparcamiento nos hace la vida más agradable en ciudad.

La evolución de la especie, del Patrol al Qashqai, ha hecho que en treinta años los motores hayan reducido su consumo a la mitad. Ahora mismo el líder de los crossover españoles equipa motores de gasolina de cuatro cilindros de 115 y 163 caballos, este último tope de potencia en la gama, pero con consumos de 5,6 litros a los cien kilómetros, que en un Patrol subían de doce con facilidad. En diésel, la gama de 110 y 130 caballos no llega ni a los cinco litros cada cien kilómetros.

Decíamos que el conductor del Patrol solo podía elegir entre la FM y la AM en la radio, o como mucho introducir una cassette, mientras que el de un Qashqai actual disfruta del Nissan Connect con una pantalla táctil de siete pulgadas en el salpicadero desde la que, a través de Internet, puede disfrutar de aplicaciones musicales, redes sociales, búsquedas en Google, además de conectar su smartphone con el sistema del coche, o introducir música desde una toma USB.

Y además de todo esto el Qashqai brinda buenas sensaciones a su volante, conjugando la posición de conducción alta de un monovolumen con una eficiencia dinámica propia de una berlina. Nada que ver con el tosco y ruidoso Patrol.

El Qashqai, que se fabrica en Sunderland (Reino Unido) ya ha conquistado desde 2007 a más de dos millones y medio de clientes. Pero el fenómeno crossover parece no tener límites como prueba que dieciocho millones de conductores compraron un coche de este tipo en el mundo durante el pasado año. Y el fenómeno no parece tener fin con la llegada de nuevos modelos al mercado.

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