¿Es tu hijo un adicto a los videojuegos?

En este año en el que la OMS catalogará como nueva enfermedad mental la adicción a los videojuegos, los expertos piden a los padres tomar el control del tiempo de sus hijos ante las pantallas. El 33% de las consultas pediátricas en Atención Primaria en España son por este tema.


Los vemos absortos frente a las pantallas dándole a los pulgares. Pero del uso al abuso hay un paso corto si los niños y adolescentes no están controlados y autocontrolados, algo que a los padres les toca hacer porque los expertos y estudios dan fe de que demasiado tiempo ante las pantallas solo les hace menos felices, más deprimidos y socialmente más desconectados. Alarma que el 33% de las consultas pediátricas en Atención Primaria en España sea por patología cibernética, y es que de los 15 a los 25 años pasan por la etapa más conectada, y uno de cada tres menores de 18 años son usuarios de Internet, comenta Jesús García Pérez, presidente de la Sociedad de Pediatría Social.

Este especialista cree que estamos alimentando la «cultura del dormitorio», porque el niño cada vez se conecta antes, y además en red, lo que le afecta al carácter, socializa menos y está menos supervisado. El experto sugiere a los padres no prohibir pero sí cambiar de chip y tomar el control de sus vástagos como siempre se ha hecho. «Cuantas más horas pasemos con ellos, mejor, y no solo tiempo de calidad», porque a veces, el uso abusivo de las tecnologías es síntoma de que ocultan otros problemas, advierte.

No ha tenido ningún reparo Bill Gates (fundador de Microsoft) en reconocer al diario The Mirror que la tecnología «puede ser peligrosa si su uso es excesivo». Por eso, como padre de tres hijos de 15, 18 y 21 años no les deja barra libre y controla su tiempo en la Red cuando no es para estudiar, pautas que secundan otros tecnogurús.

La práctica adictiva de los videojuegos en menores activa en sus cerebros las mismas áreas relacionadas con el placer que en otras adicciones pudiendo llevarles a un síndrome de abstinencia al darse una alteración emocional y de conducta que deberá tratarse con apoyo psicológico.

«Hay que transformar las TIC en TAC, tecnologías de aprendizaje y conocimiento», defiende García. Y hay que alfabetizarles sobre lo que pueden encontrar en la red y «pedir a la sociedad que promueva normas éticas para protegerles y se introduzcan en el mundo digital sin los problemas que están teniendo». Porque incluso a través de los videojuegos pueden acceder a prácticas de conductas relacionadas con el abuso, explotación, porno, trata, racismo, self juring (autolesiones, suicidio y la anorexia), acoso, acceso a material inadecuado y riesgo al contacto con desconocidos con fines sexuales o de radicalización del niño.

¿Qué hay que hacer?

Los niños con menos de 2 años no deben ver la televisión, ni usar videoconsolas, tabletas ni móviles, y, en general, hasta los 8 no deben quedarse a solas con la tecnología ni tener el móvil como juego

Los expertos recomiendan establecer un tiempo de ocio y descanso sin tecnología dándoles otras gratificaciones (juego libre, deporte, etc), generar hábitos de estudio, fortalecer la comunicación interfamiliar y no usar la tecnología como niñera. No exceder más de dos horas al día el uso de pantallas, incluida la televisión delimitado su hora de inicio, duración, fin y contexto en el que se juega

No se debe dar prioridad al juego frente a otras tareas vitales y cotidianas como estudiar o ayudar en casa y en momentos de reunión como las comidas. Conviene reforzar comportamientos positivos como la cooperación y la amistad y potenciar las habilidades que tenga el niño. También hablar con nuestros hijos sobre los riesgos de conversar por Internet con desconocidos, darles instrucciones para usar las tecnologías correctamente y fomentar su espíritu crítico y toma de decisiones frente a lo que ven y oyen en las redes, la televisión y la publicidad

Conviene controlar las redes sociales como Facebook, establecer programas de control parental y los paquetes de Internet de los móviles. Seleccionar las webs, vídeos y programas que ven los niños y evitar los contenidos de riesgo que incluyan sexo, violencia, sexismo, autolesión, acoso, captación… Además, es importante dar ejemplo y que nuestros hijos no nos vean abusar de la tecnología. Tampoco hay que hacer que se crean adultos y animarles a hacerse youtubers a los 10.

Cuándo alarmarnos

Las señales de alarma que requieren una actuación rápida son: si vemos que el niño se aísla y se encierra en su habitación, le cuesta respetar los horarios de comida y de sueño, discute fácilmente y no atiende a razones, miente para tapar algunas conductas, como esconder que está conectado. También cuando no reconoce que tiene un problema y no quiere hablar de ello, se muestra ansioso cuando no encuentra el móvil o no puede usarlo (nomofobia), o cuando no puede acceder a la tableta.

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