La ciencia da su plácet al tai chi

Varios estudios de distintas universidades de todo el planeta coinciden en destacar los beneficios para la salud de esta milenaria arte marcial china. El último en salir a la luz, de un equipo de la Universidad de Jaén, propone abiertamente a los profesionales de la salud que recomienden a las personas mayores dedicar parte de su tiempo a esta disciplina

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Que el deporte es vida es una certeza que adquiere la consideración de incontestable en algunas disciplinas. Es el caso del tai chi chuan, la milenaria práctica china focalizada en la flexibilidad y coordinación de todo el cuerpo cuyo estudio por parte de los investigadores médicos arroja año tras año conclusiones cada vez más evidentes sobre sus beneficios para la salud. El último, el que acaba de publicar en la revista científica Journal of the American Geriatrics Society un equipo de la Universidad de Jaén, que defiende que el tai chi ayuda a reducir las caídas entre la población adulta.

Apoyándose en estudios realizados con anterioridad, los investigadores andaluces compararon los efectos del tai chi en relación con otros tratamientos (fisioterapia convencional, ejercicio de baja intensidad, estiramientos o yoga) a la hora de prevenir las caídas en personas mayores y adultos en riesgo. La conclusión central del informe recién publicado es que la práctica de esta antigua disciplina reduce los riesgos de acabar en el suelo en un 43 % respecto de las otras posibilidades, de ahí que los autores estimen que «hay evidencia científica para que los profesionales de la salud recomienden la práctica del tai chi en adultos mayores».

El trabajo de la Universidad de Jaén abunda en realidad en una línea de investigación en la que han trabajado prestigiosas universidades de todo el mundo en los últimos años. En el 2006, un equipo de la Universidad de Stanford comprobó que la fuerza muscular de una serie de hombres y mujeres, mayores de 50 años y cuya aptitud física era inferior a la media (padecían incluso un factor de riesgo cardiovascular), mejoraba notablemente al embarcarse en el universo del tai chi. Al cabo de tres meses recibiendo clases tres veces a la semana, todos los individuos que participaron en el estudio habían mejorado notablemente la fuerza tanto del tren inferior como la del superior.

La comparativa

Similares conclusiones arrojó otra investigación realizada por científicos japoneses años más tarde. En su caso, crearon tres grupos de trabajo, cada uno de ellos enfocados a un ejercicio distinto: uno haría tai chi, otro caminatas a paso ligero y el tercero haría trabajo de resistencia y fuerza. Las personas que se dedicaron a la milenaria disciplina china mejoraron un 30 % la fuerza del tren inferior y un 25 % la del superior, casi tanto como los que participaron en el entrenamiento de fuerza y mucho mejores que los que emplearon sus energías en las andainas.

El trabajo investigador ha analizado incluso la relación entre este arte marcial y algunas patologías concretas, como por ejemplo la artrosis. La revista de medicina de la Universidad de Harvard publicó hace unos años un artículo en el que se sostenía que los pacientes que padecían esta enfermedad podían mejorar de forma sustancial si combinaban un adecuado tratamiento médico con la práctica del tai chi. La publicación extendía estos beneficios y los vinculaba a otras patologías como la baja densidad ósea o las enfermas de cáncer de mama que sufren los efectos secundarios del tratamiento.

La relación de problemas médicos que se ven atenuados, según los científicos, por la dedicación sostenida a esta disciplina (al menos dos veces por semana durante períodos ininterrumpidos de tres a cuatro meses) es muy llamativa: prevención de enfermedades cardiovasculares ?el tai chi ayuda a reducir la presión arterial y mejora los niveles de colesterol, triglicéridos e insulina?, hipertensión, alteraciones del sueño, párkinson...

Los acérrimos del tai chi defienden además con pasión sus beneficios para combatir una de las patologías de esta era: el estrés. Porque para muchos de sus practicantes, el tai chi es mucho más que un deporte, es una suerte de filosofía vital, un modo de entender la vida y el mundo. Y lo cierto es que esta es una actividad que se nutre de principios filosóficos basados en el yin y el yang, en la energía que fluye de la tierra.

Cada uno de sus movimientos se apoya en una ligereza que contribuye a la meditación. La respiración debe ser profunda y natural para contribuir a la concentración del alumno. Durante el ejercicio, los músculos no están tensos, sino relajados (algo que contrasta notablemente con la mayoría de los deportes), y las articulaciones nunca quedan completamente estiradas ni dobladas.

Con el tiempo, ese equilibrio con el que se despliega el cuerpo acabará beneficiando a la mente, conteniendo el estrés y ayudando a disfrutar del día a día. Ese es el mantra con el que completan los defensores del tai chi los beneficios de una disciplina que ha cautivado a la comunidad científica en esta era en la que la relación entre deporte y salud camina de la mano.

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