Comer o no comer...

Esa es la cuestión. ¿Entrenar con el estómago vacío o nutrirse a conciencia para afrontar una sesión de ejercicio físico? Como decían los clásicos, seguramente la virtud esté en el medio y lo adecuado sea realizar un aporte de calorías adaptadas, eso sí, al deporte que se vaya a practicar


Como no existen dos cuerpos iguales, tampoco resulta tarea fácil identificar una doctrina inamovible para saber qué y cuánto comer antes de entrenar. A lo sumo, nutricionistas y preparadores coinciden en una serie de pautas recomendables para sacar el mayor rendimiento de la sesión, pautas que varían en función de la disciplina a practicar y, por supuesto, de la predisposición de cada persona.

 ¿Comer o no comer? Parece evidente que lo mejor es ponerse al tajo con algo en el estómago para nutrir los músculos. Entrenar en ayunas puede ser fantástico para perder peso, pero el riesgo de sufrir una pájara o una indisposición severa estará ahí latente. Lo ideal es procurarse ese aporte alimenticio con al menos 45 minutos de antelación, aunque si la sesión está programada para bien temprano puede que esto no sea tan asequible. ¿Y la cantidad? Depende de la actividad escogida. No es lo mismo acudir al gimnasio para realizar pesas que lanzarse al asfalto y devorar kilómetros. Mientras que a los primeros acudir con reservas les ayudará a contener el temido ácido láctico, a los segundos llevar el estómago un tanto pesado les puede traer por la calle de la amargura cuando empiecen a trotar.

La pregunta del millón sigue siendo, en todo caso, qué comer. El momento del día elegido para entrenar modificará obviamente la selección, pero hay alimentos como manzanas, plátanos, naranjas o los frutos secos que aportan una inyección de energía cuando el corazón se pone a bombear sangre a los músculos. Esquivar los alimentos grasos o la bollería y mantener una dieta rica en verduras, pescados y las dosis adecuadas de proteína, así como hidratarse convenientemente antes de hacer ejercicio físico, contribuyen decididamente a optimizar el rendimiento y alcanzar objetivos.

Ocurre que, como cada maestrillo tiene su librillo, la práctica del prueba error puede ser el método idóneo para afinar la dieta antes de ponerse a sudar. Y es que, intolerancias al margen, de la misma forma que hay personas que no soportan el zumo por la mañana antes de entrenar (la dichosa acidez puede ser todo un incordio), hay otras para las que un alimento con fama de pesado como el plátano representa una ayuda inestimable a la hora de encarar una sesión. Identificar aquello que sienta bien o mal, conocer en definitiva el cuerpo de uno mismo, forma parte del fascinante proceso que sucede a la práctica de cualquier deporte.

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