«Alguien me dijo: lamentarás no ser madre»

El ensayo «Madres arrepentidas», de la israelí Orna Donath, analiza los condicionantes sociales que llevan a que muchas mujeres tengan hijos sin realmente desearlo.

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Toda aquella mujer que decide no ser madre ¿acaba por arrepentirse de ello? Y las que tienen hijos ¿pueden llegar a sentir arrepentimiento? En definitiva: ¿arrepentirse de ser madre significa ser una mala madre? A esta y otras cuestiones trata de dar respuesta la socióloga Orna Donath (Israel, 1976) en Madres arrepentidas (Reservoir Books), un ensayo feminista que desmenuza y desmonta los tópicos construidos en torno a la maternidad a través de los testimonios de 23 mujeres que desean no haber sido «madres de nadie». La investigación de Donath arroja luz sobre el arrepentimiento, ese ambivalente sentimiento que señala siempre el camino no tomado.

«Al final de mi primer estudio ?que llevé a cabo entre 2003 y 2007? sobre mujeres y hombres judío-israelís que no querían ser padres, alguien me dijo: «Lo lamentarás. Lamentarás no ser madre». Vi cómo, por un lado, se amenaza a las no-madres al utilizar el arrepentimiento como arma y cómo, por otro, cualquier posibilidad de arrepentirse de la maternidad queda, simplemente, excluida», explica la autora. «Como estaba segura de que existen mujeres que lamentan ser madres, decidí escribir mi doctorado sobre ello. Pero no me interesaba solo aprender sobre el arrepentimiento de la maternidad, sino también estudiar la relación entre la sociedad y las emociones, así como el uso político que se hace de las mismas».

Cuestión de tiempo

El ensayo de Orna Donath rompe con «la imagen progresiva de la figura femenina que se adapta inevitablemente a la maternidad», como si el deseo de tener hijos fuera solo una cuestión de tiempo. Las madres sí que miran atrás. Y en algunos casos, cuando lo hacen, son capaces de reconocer un conjunto de condicionantes sociales que las empujaron a decidirse a convertirse en madres de alguien. Por un lado, el ya mencionado arrepentimiento como amenaza («lo lamentarás»); por el otro, la promesa de la sociedad según la cual el hecho de tener hijos hace que las mujeres pasen de estar «carentes de algo» a «estar completas». Pero también el miedo a estar sola, la certeza de que la fertilidad es finita. Y bajo todo ello, siempre, el peso de la «lógica cultural heteronormativa», que alude incesante a la «naturaleza femenina» con el objetivo de persuadir a las mujeres de que han nacido inequívocamente con el instinto maternal. Incluso aquellas que sienten el deseo de cuidar a niños pueden expresarlo a través del cuidado de los hijos de otros y no necesariamente de los suyos biológicos, advierte Donath.

El aspecto novedoso de Madres arrepentidas radica en que presenta la maternidad no como un rol, sino como una relación humana más. «Toda la humanidad en la faz de la tierra ha nacido de una madre. Pero ninguna mujer nace madre», reflexiona la autora en uno de los capítulos. Entonces ¿es siempre la maternidad algo que las mujeres persiguen o puede ser, en ciertas ocasiones, algo que simplemente les ocurre?

El paripé

«Hago cosas. Llamo, me preocupo, pregunto, me intereso, los visito, los invito a venir por vacaciones y hago todo ese paripé de familia, todo ese teatro... Pero no es eso, no me identifico con ello. Cuando visito a los nietos, me relaciono con ellos, pero en el fondo no me interesa. No soy yo de verdad. Me paso el rato pensando: cuándo acabará todo esto para que pueda volver a la cama a leer un libro (?)». Este es uno de los testimonios que recoge el ensayo de Orna Donath y que pertenece a Tirtza, una madre de dos hijos de entre 30 y 40 años y a la vez abuela. El de ella es el caso de tantas otras mujeres que sencillamente anhelan no ser «madres de nadie». Pero frente a este anhelo se encuentra una realidad bien diferente, que es la de la infinitud de la maternidad: desean ser «madres de nadie», cuando en realidad son «madres para siempre».

Cuidado: el arrepentimiento no está reñido con el amor a los hijos. De hecho, todas las madres entrevistadas en este libro establecen una clara diferencia entre el amor por los mismos y el odio a la maternidad. «Ellas aman todo aquello que sus hijos son ?continúa explicando Donath?, pero detestan estar en la posición de madres en relación a ellos». Debido a que muchas sienten arrepentimiento desde el mismo momento en que saben que están embarazadas, se puede deducir que este sentimiento no se debe a la personalidad del hijo, sino al descubrimiento de que la maternidad, simplemente, no está hecha para ellas. «Yo no trato la combinación entre amor y arrepentimiento como una ruptura, sino como un intento de integrar las emociones exactas que ellas sienten», añade la autora.

Ninguna relación humana escapa de la ambivalencia, de la contradicción, de las zonas de silencio, de las sombras. La maternidad tampoco. «Los seres humanos nos pasamos la vida sintiéndonos arrepentidos por cada decisión que tomamos. Nos arrepentimos, sí, y pese a ello la mayor parte de las veces continuamos con nuestras vidas», cuenta Donath. Por eso propone afrontar el arrepentimiento de la maternidad del mismo modo, es decir: siendo conscientes de que existe, pero a la vez tratando de aprender acerca de sus significados, tanto personal como socialmente.

«Locas egoístas»

Llegados a este punto, ¿cómo escapar de las presiones que llevan a muchas mujeres a convertirse en madres sin haber reflexionado previamente sobre si es realmente lo que quieren? «Mientras quienes no desean ser madres no dejen de ser tratadas como “locas, egoístas, mujeres no-reales”, las mujeres no tendrán la libertad de decidir si ser madres o no», explica Orna Donath. La israelí hace además hincapié en la falsedad del discurso neoliberal, capitalista y posfeminista, el cual sostiene que las mujeres tienen más opciones hoy en día y que, por tanto, el hecho de que tantas mujeres sean madres demuestra que lo hacen por propia voluntad.

Madres arrepentidas es, en última instancia, un libro que niega que la maternidad sea la única manera de darle sentido a la vida, de tener una familia, de lidiar con la soledad de la vida: mensajes todos ellos que apartan a las mujeres de toda libertad a la hora de decidir sobre sus propias vidas. «En este camino, he conocido a numerosas mujeres que dijeron que, aunque no desean ser madres, saben que acabarán siéndolo porque no son capaces de soportar estos estigmas sobre este supuestamente esperado futuro», concluye la autora.

Sin duda alguna, este ensayo recién publicado por Reservoir Books instaura abiertamente un debate hasta ahora silenciado por la opinión pública. Un debate que abre las puertas a las mujeres para que vuelvan la vista atrás y evalúen el paso de la maternidad por su propia vida. Un debate, en definitiva, que cuestiona un orden social imperante en cuyo discurso parece velar por cada uno de nosotros, pero que con demasiada frecuencia sirve a los demás y nunca a nosotros mismos.

«La gente me pregunta: “¿Te gusta ser madre?”. Y yo pongo una sonrisa forzada, porque qué les voy a decir. ¿Que estoy deprimida? ¿Que es duro? ¿Que quiero a mi mamá?» (Bali, madre de un hijo de entre 1 y 5 años)

He conocido a muchas mujeres que dijeron que, aunque no desean ser madres, saben que acabarán siéndolo»

Toda la humanidad en la faz de la tierra ha nacido de una madre. Pero ninguna mujer nace madre»

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