¿Quieres vivir mejor? ¡pisa el freno!

EXTRAVOZ OK

JOSÉ PARDO

El movimiento Slow es una nueva forma de llevar la vida, a un ritmo más sosegado, más pleno. Sus defensores aseguran que todo es posible con un cambio de mentalidad. No hace falta ser ricos ni tampoco convertirse en unos vagos. El tiempo, recuerdan, es el que es. Cuando se agote no vamos a poder comprar más.

17 jul 2016 . Actualizado a las 04:00 h.

«El horario de nuestro departamento es de 08.50 de la mañana a 17:20 de la tarde. Por lo que a mí respecta, a menudo, me quedo en la oficina a trabajar. Una o dos horas extraordinarias». Podría ser el resumen del día a día de un habitante de una ciudad cualquiera, sin embargo, a los cinéfilos la cita les resultará familiar. Es el arranque de El Apartamento, la película con la que Billy Wilder nos dijo que es posible decir «no». Claro que, los motivos por los que C.C. Baxter no podía regresar temprano a su pisito neoyorkino eran un poco especiales. Pero, al fin y al cabo, siempre hay una excusa. Hacer stop es un deseo imperante que seguro le ha rondado más de una vez por la cabeza a usted también. El turbocapitalismo, la competitividad laboral, las redes sociales? Parece que nacemos para producir y consumir. Mantras como el de «hacer menos con más» o «rápido y eficaz» tampoco ayudan. El estrés ha pasado a ser considerado como la enfermedad del siglo XXI y lo cierto es que Mafalda ya lo había advertido: «Como siempre: lo urgente no deja tiempo a lo importante».

En los últimos años, y tras la publicación de superventas como Elogio de la lentitud (2004), del canadiense Carl Honoré, una nueva filosofía reclama el derecho a pisar el freno. Respetar los ritmos del cuerpo y de la Tierra. «La pérdida del sentido del presente es una de las consecuencias de la prisa por viajar, la prisa por hacer, la prisa por conquistar la fama o el dinero. Detrás de todo ello está un falso modelo de éxito que se ha extendido en nuestras sociedades», apunta María Novo. Esta gallega es la autora del libro Despacio, despacio? (Ediciones Obelisco, 2010), además de presidenta de la asociación Slow People y directora de la Cátedra UNESCO de Educación Ambiental y Desarrollo Sostenible de la UNED. «Deseamos demasiado y lo queremos todo ya. Nuestras historias personales se convierten en una carrera». Mientras, añade esta doctora en Filosofía, «nos perdemos lo más importante».

«La expresión 'vivir despacio' es una metáfora», matiza Novo, que añade: «No se trata de parar para quedarse sentados, sino para reexaminar nuestra forma de vida y ver cómo queremos vivir». El movimiento que tiene un caracol como símbolo ha dado el salto a campos como el de la educación, el turismo, o la gastronomía. Lo cierto es que, en realidad, nació de esta última. Un acontecimiento a priori tan anodino como la apertura de un establecimiento de comida rápida causó conmoción en un país, Italia, en el que la pasta es casi tan importante como la religión. Sucedió en la romana Plaza de España en 1986. El periodista Carlo Petrini reaccionó reivindicando todo lo contrario al fast food, la Slow Food.