Aceite gallego para el mundo

Tras cinco campañas, Isbilya comienza a sonar con fuerza en lugares tan lejanos como Dubai. Los hermanos coruñeses Martínez Marini se lanzaron a innovar en un terreno de su familia en Sevilla

Teresa Martínez Marini, de Isbilya, con Chisco Jiménez de Llano, de Culuca, uno de los cocineros que apoyaron el proyecto desde sus inicios
Teresa Martínez Marini, de Isbilya, con Chisco Jiménez de Llano, de Culuca, uno de los cocineros que apoyaron el proyecto desde sus inicios

Redacción / La Voz

Allí donde van tienen que explicar su historia. No por obligación, sino porque a muchos les suena más que raro que los dos hermanos gallegos Teresa y Ángel Martínez Marini hagan aceite en Sevilla. El origen de su proyecto está en las 30 hectáreas de olivar que tienen en Aljarafe. Una finca en la que ya se producía aceituna para comer. Su empresa está en A Coruña, pero el campo que produce esas olivas les lleva de forma constante a Andalucía.

«Todo lo empezó nuestro abuelo y queríamos mantener la herencia de mi padre. El mercado se había desplomado y no nos quedaba otra que lanzarnos con el proyecto o vender». Así arrancó el camino. «En 2010 transformamos cuatro hectáreas y obtuvimos 1.000 litros de aceite. Siempre estuvimos vinculados a la tierra y al olivar y nos formamos específicamente para ello». Era su objetivo y lo veían en un futuro cercano desde la distancia. Y es que estos hermanos, ella química y él biólogo, estuvieron antes investigando lejos de España.

Con su quinta campaña ya en marcha pueden decir que han conquistado a muchos. Están en los puntos de venta, distribuyen por Internet y atienden pedidos especializados. Chefs de renombre, como Chisco Jiménez de Llano, del coruñés Culula, tiene sus aceites entre sus imprescindibles. «Chisco conocía el proyecto desde el principio. La verdad es que hay muchos cocineros que han confiado en nosotros. Por ejemplo, de Coruña Cocina o del Grupo Nove. Hemos tenido mucha compañía, la verdad». Les avala también, Maximiliano Arteaga, uno de los grandes oleólogos del país. «Estamos muy orgullosos. Le encantó el proyecto y quiso estar con nosotros desde el principio. Es un profesional que elige con quien trabajar».

Tradición e innovación

La clave está en el sabor, pero también en la innovación. «Somos superintensivos, recogemos con máquina cabalgadora y de noche. Hacemos auténtica prensa en frío. El motivo es la temperatura de la oliva. La recogemos a unos 16 grados. Es una de las cosas que se investigan. Intentamos que pase el menor tiempo entre la recogida y la elaboración del aceite. Lo hacemos en todos nuestros aceites. Es nuestra filosofía de trabajo. La calidad por encima del rendimiento»

El pasado año, salieron de su producción 13.000 litros de aceite bajo dos marcas. «Ysbilia es Sikitita. No había ni cien hectáreas en el mundo. Fuimos de los primeros en comercializar un aceite de esa variedad. Y hay la cantidad que hay cada año, no más». Su otro aceite es YM. «Plantamos variedades más fuertes. Es un coupage de Arbosana y Arbequina. Es riquísimo y se usa mucho en hostelería como aceite de pase. Huele en nariz, pero su sabor es suave y no mata el plato. Para este aceite, tenemos más finca y más volumen». Ahora incluso se han lanzado con Koroneiki, una variedad griega que produce un aceite intenso, picante y potente. Productos que llaman ya a la puerta de Dubai, Santo Domingo o Polonia. «Podemos decir que no estamos ni en A Coruña, ni en Sevilla. Trabajamos por el mundo».

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