¿Qué quieres que te llevemos a casa?

Al Mundial aún le quedan dos emocionantes semanas por delante. Los días de fútbol, una de cada diez personas que ve el partido en casa, pide comida a domicilio. Hay tantos perfiles de comensal como variedades de comida disponibles. La tendencia crece en Galicia


Hay 429 restaurantes adheridos en Galicia a Just Eat, la compañía que hace 18 años en Dinamarca inventó el sector de la comida a domicilio online. Su negocio crece de manera exponencial. Según datos aportados por la empresa registró a nivel mundial el año pasado 172 millones de pedidos: un 26% más que en el 2016. El funcionamiento es sencillo. Su plataforma pone en contacto a quienes quieren pedir comida con los establecimientos registrados. Hay dos modalidades para el consumidor, vía web y aplicación móvil. A cambio del acceso al millón de usuarios activos que tiene en España, los restaurantes pagan una comisión fija en cada pedido del 14 %. «Permitimos abrir una nueva línea de negocio sin necesidad de llevar a cabo desarrollos tecnológicos propios con la que incrementar hasta un 25 % la facturación», presume Jesús Rebollo, director general de Just Eat en España. Le pregunto al ejecutivo cuándo fue la última vez que pidió algo a domicilio: «Ayer mismo, un Pad Thai -salteado de tallarines de arroz típico de la cocina tailandesa-. Al final todos tenemos una vida ajetreada y pido unas cinco veces por semana». Rebollo, con los suyos, ha facilitado que esta empresa alcanzase el pasado diciembre veinte millones de pedidos desde su llegada a nuestro país en el 2010 (en el 2016 compró el operador que dominaba el sector en España, La Nevera Roja).

por pedir, que no quede

Las cifras las avalan en los restaurantes. «Hay que ir con los tiempos y con Just Eat hemos ganado clientela joven y recuperado a otra que vino al local hace años», dice Asunta Raimo, propietaria del Restaurante Nicola de Vigo. Empezaron en 1980, aunque para Raimo, el boom de la comida a domicilio hay que matizarlo. «Nosotros ya envolvíamos en papel de aluminio las pizzas hace tiempo y la gente venía con sus ollas a por la comida, la tecnología solo lo ha potenciado», añade. Del crecimiento exponencial del negocio del food delivery sabe mucho Emilio Roche, al frente en Santiago del Carpanta. Allí cada mes aumentan los pedidos de sus hamburguesas, ensaladas y platos combinados. «Empezamos en la plataforma hace cuatro años. Por aquel entonces entraban al mes 250 pedidos. Ahora ya son 1.000». Para Roche la comisión que se lleva compensa con creces el gasto que supondría una gestión propia de los envíos. Y desde luego no tendría la capacidad de llegar al público potencial que se alcanza gracias a la, cada vez más, popular aplicación de comida a domicilio. Al final, todos ganan: «En mayo ya había hecho 1.000 pedidos más que en el 2017», aclara satisfecho con el balance el hostelero. Eso sí, en ambos casos, una empresa externa es la que se encarga de los envíos. Desde la multinacional danesa no los gestionan, aunque sí ponen en contacto a sus asociados con transportistas especializados.

¿Y cómo asisten al fenómeno Just Eat las franquicias tradicionales del negocio de la comida rápida en la comunidad? Reconocen la competencia, pero aseguran que no supone una amenaza. Galipizza, que desde A Mariña lucense ha tejido una red de seis restaurantes en la comunidad, cree que la imagen de marca, en su caso, es el mejor aval. Emilio Fernández, gerente del local de A Coruña, no cambia sus clásicas scooters por nada. «Valoramos el trato personal con el cliente por encima de todo, que junto con nuestro producto, de calidad y con un guiño a la comida gallega, se diluiría en una plataforma global», apunta. «Los findes y días de partido hay pedidos que sabemos de memoria», dice Fernández; y esa fidelidad se premia con un servicio rápido y totalmente gestionado por ellos: «Nosotros lo preferimos así», concluye, sin descartar que en el futuro pueda explorarse una aplicación móvil, pero que sería propia de la cadena. Pizza Móvil, nacida en Vigo en 1989 y con más de 50 locales en todo el país, apunta en la misma dirección. «Nuestra promesa es entregar nuestras pizzas calientes y en menos de 30 minutos. Si queremos asegurarnos el control sobre un punto crítico de nuestra marca no podemos dejar el reparto, el elemento clave del negocio, en manos de otros». Lo cuenta Jorge Pallarés, director de márketing de una empresa con repartidores en plantilla: «Así se vinculan más y eso provoca un mayor esfuerzo en conseguir un buen resultado». El valor del servicio en casa es la seña de identidad de estos establecimientos y en el futuro, quizás incluso lleguen a desaparecer parte de los restaurantes físicos.

«Al principio los clientes se quedaban volados cuando veían el coche», dice Rafael Molinero, gerente de la cadena en la localidad. «No solo es más seguro para el empleado. La pizza llega más caliente y en mejor estado, teniendo en cuenta el clima y la orografía que tenemos», añade.

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