Para comer bien al final del camino

En un casa centenaria del barrio de San Lázaro, cuando el peregrino llega Santiago de Compostela, se encuentra la Casa da Viña, un restaurante realmente original ya que, a la comida tradicional gallega de la más alta calidad, añade platos japoneses

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«Fuimos pioneros en esta cocina -explica José Antonio Ribeiro, propietario del local- y para ello me rodeé del mejor equipo que podía defenderla. Es muy demandada y lo curioso es que son los gallegos más que los extranjeros, los que la piden. Es como la de vanguardia, pero esta llegó para quedarse. De todos modos, nuestro gran pilar son los platos tradicionales, los de siempre y con los productos más frescos. Tenemos una lonja que es una joya y allí estamos cada día. Hay pocos menús comparables a un Sanmartiño, palometa o coruxo, preparados con patatas gallegas asadas al horno. También tenemos carne de ciervo ahumada, para servir en carpaccio y un plato original y único, como es el canelón de uñas de San Lázaro, ya que estamos en un lugar donde se celebra, con estas uñas, una de las fiestas gastronómicas, más antiguas de Galicia».

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Tiene un plato del día de 10 euros -siempre con pescado fresco- y comer a la carta nos puede costar entre 25 y 30 euros. En cuanto a vinos una gran variedad, aunque siempre nos recomendarán los gallegos «que cada día nos dan más satisfacciones». Para finalizar no pueden faltar la tarta de la abuela ni el queso cremoso de Arzúa.

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