Los helados de siempre: lametones de nostalgia

¿A qué saben los recuerdos? Quizás algunos de los tuyos tengan forma de pie y gusto a fresa, otros pueden ser de esa mezcla extraña de cola y vainilla aunque, a lo mejor, son verdes, de lima-limón, hielo y vengan en un cono de cartón. Sea como sea seguro que muchos trozos de tu historia saben a verano y... ¿el verano a qué sabe? Para nosotros, sin duda, a esto


Hay olores, texturas y sabores que tienen un lugar específico guardado en nuestro cerebro. Si cierras los ojos puedes viajar en el tiempo y volver a ese bar de piscina, chiringuito de playa o cantina de pueblo a 36 grados a la sombra y con 25 pesetas en el bolsillo que podían alegrarte el día. Miras la carta de helados y... ¿Cuál te pides? Seguro que alguno de estos. Por supuesto, en esta lista no están todos los que son pero, al menos, sí son todos los que están.

Hay caprichos veraniegos que son iconos de una época: la del boom heladero. A partir de los setenta los helados comenzaron a tener nombre propio para dar paso a la edad de oro que vivieron en los años ochenta. Inovación (algunas veces exitosa y otras un estrepitoso fracaso) con una sana guerra entre compañías como Frigo, Avidesa, Miko o Camy. Era un tiempo en el que no se miraban las E de los envoltorios, cuando el Magnum ni siquiera existía y a los polos se les llamaba Popeye. Era una época en la que al comer un helado te podía tocar otro gratis porque antes, sí señores, lo helados tenían historia.

Por ellos no pasan los años 

En esa época nació uno de los helados más vendidos: el Frigopie. Es el hermano pequeño del Frigodedo que dejó de fabricarse en 1992. Ese dedo de hielo de fresa levantado como cuando en clase tenías que pedir la palabra fue también un avance de ingeniería. Con él se usaron moldes tridimensionales que dejaron atrás los míticos polos. 

Unos años antes nacía una mezcla explosiva que logró resistir el paso de los años. El Drácula de Frigo es uno de los grandes clásicos españoles. Interior de vainilla con sirope de fresa recubierto de cola. O te encantaba o lo odiabas. Pero siempre se agotaba. Otro que ha logrado pasar de generación en generación es el Mikolápiz que aún sigue haciendo las delicias de los más pequeños.

Por no hablar de esa bebida refrescante, sólida y dura que logró hacer frente al auge de las latas de refrescos. Un polo sin palo. «Sube, baja, sube, baja... fresquito», así era el primer anuncio de Calippo.

¿Y qué me decís de ese polo con forma de cohete espacial y tres sabores? Si en el palo del Colajet aparecía un asterisco significaba que habías ganado otro gratis.

El Pirulo no solo triunfaba en los quioscos y heladerías. Sus anuncios son míticos y a día de hoy muchos pondrían el grito en el cielo si después de ese «¿A qué sabe el nuevo pirulo tropical?»,  viéramos como el niño contesta un «¿Quiéres probarlo?» y besara a la niña en la boca. El anuncio que triunfó el verano de 1996.

Junto a estos muchos otros. Pedacitos de verano que saben a nostalgia.

Y el helado más mítico de todos los tiempos es...

No sabemos si estarás de acuerdo porque ya se sabe que para gustos colores (y para colores, helados) pero el grupo de Facebook «Yo fui a EGB» hizo esa pregunta a sus cientos de miles de seguidores y ¿sabes cuál es el resultado? El primer puesto lo ocupa el Drácula que se alzó con el título del helado más querido. Un podium reñido en el que el número dos fue a parar a manos del Colajet. La tercera posición estuvo bastante más peleada y el Mikolápiz casi casi se la arrebata al Frigopié. Superchoc y Frigodedo completan los seis primeros puestos de esta lista elaborada por los más nostálgicos.

Helado gallego: de la granja y la huerta a los paladares

GLADYS VÁZQUEZ
¿Cómo se hace un helado? Nos colamos en un pequeño obrador en el que trabajan con productos de proximidad y de donde hacen una producción muy limitada

Los heladeros gallegos reconocen que con la llegada del verano se acerca también la época grande de consumo. Eso sí, helado y calor están cada vez menos ligados: los sabores, la materia prima de calidad y la fabricación artesanal captan cada vez a más fieles de este manjar durante todo el año

Que en Galicia no disfrutemos de tantas horas de sol como en otros puntos del país, no merma en nada nuestra calidad heladera. Aquí priman los artesanos. Aquellos que controlan el producto desde la materia prima hasta que sus dulces llegan al consumidor final. Lo tienen claro: controlar todo el ciclo se nota, y mucho, en el paladar.

El equipo de Bico de Xeado siempre cuenta que sus helados nacieron de un pequeño fracaso. «Antes éramos Granxa o Cancelo. No fue hasta 2014 cuando abrimos el primer punto de venta de helado. Somos una cooperativa y quisimos colocar la leche a través de máquinas expendedoras, pero no hubo manera. ¿Qué hicimos? Pues nos pusimos a hacer helado de alta calidad». Bico de Xeado está presente en todo el país a través de tiendas propias, córners en pastelerías u hostelería. «A los clientes les sorprende nuestro producto. Los helados se caracterizan por el sabor y la cremosidad. Y es que nuestra leche es de verdad. Dura siete días y tiene que estar siempre en frío». De la granja, la leche se va al obrador que tienen en la localidad coruñesa de Bergondo y allí se adereza con los productos más cercanos. «Las fresas y los arándanos son de Carral. El licor café es de Ourense». Y es que esta firma mantiene que los clásicos, como la fresa, siempre funcionan, pero se lanzan a sabores como el de castaña o kiwi. «Algo está cambiando. La gente no solo consume helado en verano. Nosotros aprovechamos la temporada baja para darle vueltas a más ideas». Entre las más arriesgadas, un sabor que parece que no encaja con el helado: los pimientos de Padrón. «Trabajamos con A Pementeira. El sabor resultado es sorprendente y distinto».

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