¿Tiene vez para el sastre?

No busquen, porque seguro que lo encuentran. Una tienda de lencería fina que sirve cócteles sublimes. El bar que juega al escondite. Quédense con esta palabra: «speakeasy», el bar secreto ha llegado a A Coruña. Aquí está la pista para encontrarlo.

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Ya no corren los tiempos de la Prohibición, pero permanecen ciertas maravillosas costumbres. Hacer las cosas a escondidas es una de ellas. Londres y Nueva York abanderan ese placer cautivo que otorga disfrutar de un cóctel en un speakeasy (un bar secreto, traducción literal: habla bajo). A Coruña ha conseguido sumar a España a esta vieja usanza que ya ronda el siglo de existencia y parece más vigente que nunca. Marineda ya tiene su speakeasy. Pero no pidan saber su nombre ni su localización. Tendrán que descubrirlo.

 En ese bar oculto les harán un traje a medida para que le siente on the rocks, aunque uno siempre puede optar por un pret a porter agitado o revuelto, según el ánimo. Las versiones vintage (soul, jazz, swing, motown...) de hits actuales contribuyen a la confortabilidad de la estancia, superando incluso el propio hogar. La barra es de una belleza praxiteliana, el ambiente ronda desde aquel que rezumaba la canallesca histórica que se reunía (y se reúne) con el espirituoso como centro del universo hasta el refinado cuidado del detalle. En estos bastidores no solo se mezclan líquidos, también personalidades.

El alma de este speakeasy se resume, como punto de partida, en una serie de códigos QR incrustados en botones que se encuentran repartidos por la ciudad a modo de miguitas de pan en un retruécano digital que pica la curiosidad del más pusilánime.

Si uno se siente doblemente afortunado, primero puede probar suerte jugándosela a que lo encuentra a la primera (a riesgo que husmear en cada escaparate y presionar cada timbre sospechoso de cada inmueble de la zona histórica coruñesa, bajo la mirada cómplice de la propia María Pita). En ese caso, si cree que es su día, solo tiene que apretar el avisador y confiar en que haya mesa libre. Para los menos arriesgados, reservar es la mejor opción. Para todos, este es otro mundo. Paralelo.

Ya dentro, no hay secretos para los bartenders, sea cual fuere el líquido elemento: café, vermú, cervezas artesanales y, por encima de todo, cócteles. Los barmen-sastres, lo mismo pespuntan un Corset a medida con cordial de chorima que zurcen un Picardías Bloody Teddy con shrub de tomate y lasca de gamba. También enhebran delicados cócteles sin alcohol (Combinación con gin sin, Enaguas con cordial de uva, Pololo con cordial de frutos del bosque...) y, por supuesto, el más gallego de los cócteles: la queimada. Toda una señora.

Sostienen en este peculiar espacio que las historias que se hilan más allá de la barra, las copas y la lencería fina, que es un espacio integrador inédito en España, con afán de hermanar disciplinas tan dispares como la mixología, el teatro, la agricultura sostenible, las últimas tecnologías, la alta cocina y la artesanía. La sorpresa y lo efímero forman parte de su adn. Un día, burlesque; al siguiente, un chef estrella Michelin creando un bocado exquisito; al otro, el mejor barman del mundo de visita expresa y fugaz a A Coruña, cinta métrica y coctelera al alimón.

Si lo que de verdad le apetece es un Leotarno Montanero, un Bustier con leche con espuma de arroz con leche, o un Garter con Soda de edamame y té matcha, hágase esta pregunta: ¿Ha pedido vez para el sastre?

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