Sí, los Reyes comen pan, y se amasa en Rodeiro

La panadería Jesús de Rodeiro cuece piezas artesanas y empanadas que son bocado de reyes. No es una metáfora. El obrador lleva 14 años haciendo envíos semanales a la Casa Real. ¿Su secreto? Las harinas de calidad, el horno de leña y el trabajo paciente


La panadería Jesús de Rodeiro no es una panadería cualquiera. No tiene otro horno que no sea el de leña ni otra harina que no sea de ley. Por eso es habitual encontrarse al mostrador a clientes de fuera. Un pan que se mantiene fresco una semana bien merece una parada cuando se pasa cerca.

A veces en la panadería se apilan cajas con una etiqueta que dice: «Palacio de la Zarzuela». Al cliente le pica la curiosidad y hace el chiste pertinente. ¿Comen los reyes Felipe y Letizia pan de Rodeiro? Pues sí. En Madrid habrá panaderías de sobra, pero se ve que no hay pan artesano como el que cuecen Ana María Ledo y su tropa panadera.

Según asegura, su pan no tiene ningún secreto. «No lleva más que harina de trigo del país, agua, sal y masa madre», cuenta. La receta universal. Lo que pasa es que este además tiene buena materia prima y se prepara con la paciencia de otros tiempos. Nada de hornos eléctricos ni de triquiñuelas para acelerar el proceso. «Este es pan artesano de verdad. No es una cosa que se haga corriendo. Fabricarlo lleva siete horas desde que se empieza a amasar», explica Ana María. «Las harinas de calidad y el horno de leña, que ya no se usa casi en ningún sitio, son fundamentales», confiesa la panadera.

Será por eso que el pan de la panadería Jesús cogió tal fama que un buen día acabó en la mesa del Palacio de la Zarzuela. Y no pasó desapercibido. La Casa Real pidió indicaciones sobre la procedencia.

Hace de aquello 14 años. Desde entonces, no hay semana que el obrador no haga un envío a palacio. Normalmente, al Palacio de la Zarzuela, pero a veces al de Marivent, en las temporadas en las que la familia real se traslada a su residencia de Mallorca.

Cada martes sale por Seur el pedido desde Rodeiro. El habitual suelen ser entre 5 y 7 piezas artesanas de pan de kilo y medio. Pero muchas veces también se piden empanadas de panceta con chorizo y, de vez en cuando, algún roscón o tarta de almendra.

Llegados a este punto uno se pregunta si a los reyes no les sería más fácil encontrar algún sucedáneo en la capital en lugar de comer el pan reseso. Craso error. Quien piense tal cosa es que no ha probado el pan auténtico. «Este pan no es como los industriales. Envuelto en un paño se conserva fresco una semana», asegura Ana.

Solo queda por saber el origen de este pan legendario. La panadería la abrió hace casi medio siglo el padre de Ana María, Manuel Ledo, cansado de trabajar como comercial en Venezuela y en su tierra. No tenía ni idea de panadería, pero sí buena mano para rodearse bien. Su panadería fue bautizada popularmente como «a de Chacallas» y en ella empezaron a trabajar su mujer, Eva García, y Carmen «Lillera», una vecina oriunda de Cea que tenía un rudimentario negocio de venta de pan artesano al estilo del de su pueblo. Cocía piezas contadas en el horno de su casa y las repartía a domicilio a lomos de una yegua. Cuando Ana María y su marido Jesús -el que da nombre a la panadería- cogieron el relevo él apostó por la tradición y empezó a fabricar piezas artesanas como las que Carmen cocía en casa a pequeña escala. Dio en el clavo. Tanto que su pan ha llegado a ser bocado de reyes.

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