Esta casa es del siglo XVII, pero tiene wifi (y bodega)

Si nos acercamos a Santa Cristina de Cobres, al fondo de la ría de Vigo, y nos alojamos en Os Areeiros, bodega y casa rural, podremos visitar lugares cargados de historia, como el castillo de Soutomaior o la isla de San Simón, condenada desde siempre a ser un lugar lleno de misterio y dramatismo. Y, por la noche, descansar y relajarnos entre viñas, a orillas de aquel mar al que cantó Martín Codax

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El turismo rural es conocer Galicia de una forma diferente, sumergiéndonos en las raíces de nuestro pueblo y aprovechando el legado de los antepasados. Con esta filosofía surgieron muchas casas, casonas o pazos señoriales, que ahora podemos disfrutar como turistas. Y no podemos dudar de que el éxito del viaje está garantizado: la casa que elegimos, como esta de Os Areeiros en Vilaboa, es del siglo XVII, tiene viñas y bodega y está estratégicamente situada, a caballo entre las rías de Vigo y Pontevedra, muy bien comunicada a tan solo 6 kilómetros de la autopista.

con todas las comodidades

La antigua casona está cuidadosamente decorada, tratando de conservar todo el sabor de los tiempos en que perteneció a familias pudientes de la época medieval. Pero, eso también, empleando hoy los sistemas más modernos para hacer la estancia agradable y confortable: salón con chimenea y televisión, salones de lectura, comedor con capacidad máxima de hasta 70 personas, calefacción en toda la casa y conexión wifi gratuita. No dan comidas, pero si el desayuno, genuinamente gallego. «Por ahora no tenemos necesidad de restaurante -explica Beatriz Martínez, hija del propietario y encargada del alojamiento -porque nuestros visitantes llegan hasta aquí con la idea de pasar todo el día fuera, visitando la zona, disfrutando de las playas, de los monumentos y de la gastronomía. Lo que si hacemos es para grandes celebraciones ofrecerles la posibilidad de contratar un cátering». Este alojamiento cuenta con 10 habitaciones dobles con baño y su precio oscila «entre los 49,50 euros en temporada baja y los 62,10 en la alta».

Sin tiempo que perder

Y esto lo digo porque la propia Beatriz se encarga de informar de lo mucho que se puede ver saliendo de su casa «no solamente en lo que a visitas se refiere -añade la responsable de la vivienda- sino también en cuanto a actividades, como la práctica de deportes alternativos o los senderos para caminantes que pasan por lugares llenos de belleza y de historia. Después a descansar a pasear por los viñedos de albariño, caíño, garnacha tintorera y mencía, que están en la propia finca; o visitar la bodega, catar nuestros vinos, conocer los métodos de elaboración y, si lo desean, incluso puede llevarse unas botellas de recuerdo. Vaya que, por la experiencia que tenemos, siempre repiten».

nos habla del mundo rural y del vino y así encontramos un hórreo convertido en escaparate o una entrada que conserva un viejo lagar centenario. Pero también, comodidades todas, incluida esta amplia piscina.

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Esta casa es del siglo XVII, pero tiene wifi (y bodega)