«Amor y odio: así es la relación entre el vino gallego y la literatura»

La fotografía de nuestro compañero Santi Amil es la mejor definición visual que podemos hacer de Luís Congil, un periodista entusiasta de la historia del vino «porque es apasionante y nos da pistas para comprender mejor la vida y como somos los humanos»


Siempre rodeado de libros, apuntes, documentos que puedan abrir nuevas vías de investigación, Luís Congil dice de la relación entre el vino gallego y la literatura de todos los tiempos «Amores intensos y amores eternos. Mistificación, reverencia o adoración declarada. La relación del vino gallego y la literatura universal se movió siempre entre estos parámetros».

-Pero en esa relación también hay odio y desengaños.

-Por supuesto, enemigos nunca faltan. El llamado Siglo de Oro español, con buenas dosis de xenofobia hacia lo distinto, en este caso lo gallego, son un buen ejemplo de ello. El mismísimo Francisco de Quevedo, caballero, por más, de la Orden de Santiago, bromeaba con la presunta flaqueza de la mujer gallega por el vino en El caballero Tenaza comparando a un ama con «galleguísima taberna/ que, suspirando cuartillos/ si a mamar el niño llega/ le da aguardiente por leche / y un alambique por teta». Y peor aún la gallegofobia furibunda de su rival literario de la época, el culteranista Luis de Góngora y Argote, que además de recrearse en la descripción despectiva de las mujeres gallegas, escribe «Bodegón con pies, camina/que aquí no le conocemos/calle o pague, porque olisca/a lacayo y a gallego .

-¿Por qué estos ataques de los autores del Siglo de Oro español?

-Porque fue una época en que la sátira lo dominaba todo y ellos tenían que burlarse de algo y, en este caso, le tocó a Galicia y a sus vinos. Decía Luís de Góngora de las gallegas «mozas rollizas de anchos culiseos/tetas de vacas, piernas de corderos/suelo menos barrido que regado/campo de tojos matizado/ berzas gigantes, nabos filisteos». Era una forma más de burlarse de alguien que, en aquel entonces, hacía reír a la gente y ellos lo sabían.

-De todas formas y afortunadamente, esas son las excepciones.

-Si, porque a lo largo de la historia, desde reyes a literatos universales, como Cervantes o Graham Greene, siempre se han referido al vino gallego como símbolo de la excelencia y ejemplo de los mejores caldos del mundo. Y ya que hablamos del autor del Quijote, me gusta recordar el elogio al vino gallego más conocido en la época, que era el ribeiro, en El Coloquio de los perros. El personaje denominado «el Manco» cita al vino del Ribeiro así «¡Oh, perezoso estás! ¿Por qué no saltas? Pero ya entiendo y alcanzo tus marrullerías: ahora salta por el licor de Esquivias, famoso al par de Ciudad Real, San Martín y Ribadavia».

-¿Cruzar Galicia con una cunca en la mano de caldo en caldo?

-Eso es lo que decía Álvaro Cunqueiro que podía hacer, además de otras historias, quizás surgidas de su fértil imaginación. De lo que no hay duda es que fue el escritor que más ayudó a difundir los vinos gallegos. Por ejemplo, de La Ribeira Sacra dice: «Unhas viñas famosas, que din de Amandi. Deste tinto díxose que era grato a Augusto, eu non sei a realidade do conto»

-¿Y cuál es la cita preferida por Luís Congil?

-Sin lugar a dudas lo que escribió San Martín de Dumio cuando los obispos gallegos se acercaron a Braga para pedirle que dijese algo sobre los ritos paganos que, ya desde los romanos, se hacían en Galicia. Pero aún podemos seguir hablando de los refraneros populares, de escritores que, como Agustín de Moreto dice: «¿Cómo se vengan los nobles?», elevando al vino gallego a los altares, bajo la advocación “San Ribadavia de Oro”.

-¿Cómo llegas a estos textos?

-Leyendo mucho, escuchando a todo el mundo, con la ayuda de la enciclopedia de la historia de La Voz de Galicia o analizando el catastro de Ensenada, que es una herramienta increíble, porque informa detalladamente de lo que era Galicia. Por ejemplo me dijeron que el Conde de Bristol llevaba todos sus vinos de O Ribeiro y Betanzos y ahora ya estoy buscando datos. En fin, es un trabajo de mucha paciencia, muy gratificante para mi, pero muy duro, para el que no tenga estas inquietudes. Te aseguro que siempre aprendo y descubro algo nuevo.

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