Cocina tradicional en la zona de vinos

Cuando Benito Torres García (Ourense, 1980) se hizo cargo de la cocina del Catador, intentó que también en la carta se notara la reforma del local en aquel verano del 2015. Pero seguían pidiéndole merluza a la gallega y cabrito asado, pulpo y anguilas.


Tal vez desconcertado por la sensación de estar atrapado en el tiempo, como en una película, un brillo de lucidez lo llevó a ser prudente, profundizar en las señas de identidad y limitar la innovación, con guiños apenas perceptibles, para no desestabilizar la delicada línea de cocina tradicional que ha sustentado este restaurante. Así se ha mantenido la casa durante más de cuarenta años, desde que en 1976 se puso al timón su padre, Luis Torres (Celanova, 1947). El bacalao y las carrilleras de ternera guisadas empiezan a hacerse sitio, es verdad, pero por ahora no discuten el liderazgo. A Benito, un profesional que se formó en hostelería y ha visto más allá de su propio entorno, le gustaría ir más rápido, que el camino entre su cabeza y la carta fuese recto, pero sabe que se lo debe tomar con calma. Se concede unos años (¿ocho?) para darle una vuelta a su tarjeta. Va despacio, quizás demasiado, pero la clientela manda. En la temporada de caza la perdiz era la apuesta de siempre, prácticamente única, pero este año introdujo el jabalí. Funcionó y se queda. Solo así, con hechos, se gana un plato la supervivencia. Es como el cocido, incontestable los martes y los jueves.

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