Para paladares abiertos

Las dos cerveceras ourensanas líderes cuentan entre ambas con más de medio centenar de referencias, de perfiles muy diferentes y adaptados a gustos variados


 Santo Cristo e In Peccatum Craft Beer, abanderadas desde Ourense de este movimiento alternativo, son realidad por la pasión cervecera de sus responsables, que se desarrolló por caminos diferentes. Que los cuatro socios de la primera y el promotor de la segunda tengan 36 años seguro que no es casualidad. Las instalaciones de una y otra están separadas por dos calles, pero sus raíces son diferentes. Como lo es su estética. A Santo Cristo llegaron cuatro compañeros de instituto después de leer todo lo que cayó en sus manos sobre elaboración, experimentando semana a semana, probando de aquí y de allá para acabar decidiendo qué les gustaba y qué no. «Al principio es terrible, pero, una vez que dominas el proceso, puedes avanzar a buen ritmo para perfilar lo que quieres», dice Raúl, que se embarcó en este proyecto con sus amigos Carlos Pérez, Nuria Seoane y Sergio Fernández, que en algún momento decidieron olvidar que se habían formado como informático, economista, ingeniera de minas y administrativo. Una de las tres cousas que la canción atribuye a Ourense como signo diferenciador es el Santo Cristo. Ahí se asentó un proyecto que hasta ahora ha dejado dieciocho cervezas diferentes, unas fijas y otras estacionales. Y si, por ejemplo, hay que crear una de perfil veraniego, qué mejor que llamarla Samil.

In Peccatum, nacida como Keltius, es el proyecto de Alberto Gómez Trabazos (Ourense, 1982). Empezó en un brewpub, o sea, un local donde elaboraba y servía cervezas de cortes belga. Es psicólogo. Había trabajado en puestos directivos en centros de educación, pero acabó dando un giro a su vida. «No basta con hacer una buena cerveza artesanal, o cuarenta diferentes, como las que aquí hemos perfilado en estos años. Hay que avanzar y marcarse nuevos retos», dice Alberto, que llega de Rusia, pasa un día en Ourense y ya está de camino a Holanda. «Vendemos mucho en el exterior, en lugares como Holanda, precisamente, con gran cultura cervecera», apunta, con la esperanza de que también en Galicia cale la propuesta. In Peccatum va un paso por delante. Busca la mejor tecnología y no solo ha incorporado una embotelladora, sino que también ha entrado en el mundo de la lata, para añadirla a la botella y al barril. Desde el 2015 todo ha sido crecer y experimentar elaboraciones y perfiles, desde los cítricos a los frutos rojos, sin renunciar a exprimir el último aliento de barricas de madera noble roble ya utilizadas para vino o bourbon. Se trata, en fin, de un universo tan poco conocido, como apasionante y cargado de matices inesperados.

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