Los vinos gallegos pierden la vergüenza

Fai un sol de carallo, Conas brancas, Súper héroe, A pita cega... Son algunos de los nombres que arrancan sonrisas y hasta sonrojos desde las cartas o las estanterías de las vinotecas, pero su gancho funciona


La nueva generación de nombres gamberros para los vinos gallegos se ideó pensando en la viña, casi siempre tras largas e inspiradoras jornadas de labor. Así lo cuenta uno de los pioneros, Marcial Pita, que no se cortó un pelo cuando bautizó como Fai un sol de carallo al vino más caro de O Ribeiro. «Es que en el 2013 hizo mucho calor y por eso se nos ocurrió», confiesa entre risas. Más serio apela al cansancio de muchos aficionados a lo de siempre, a referencias a propiedades nobiliarias o simplemente a fincas. «Estamos hartos de tanto condes de, pago de y condado de... ¡No hay quién los recuerde!».

La de esta bodega, El Paraguas, en la que el enólogo es Felicísimo Pereira, presidente del Consejo Regulador de O Ribeiro, es una apuesta arriesgada, porque la mayoría de las marcas audaces echa mano de los nombres macarras para los vinos básicos, pensados para bolsillos jóvenes. «Somos conscientes de que en muchas cartas nos eligen solo por ser los más caros, pero eso no nos influyó», precisa Pita, que en breve presentará La sombrilla.

Fedellos do Couto es una casa de Ribeira Sacra que mantiene una estética casi clásica en sus etiquetas, pero presenta un vino que se llama Conas Brancas. La broma radica en que se hace con las uvas blancas.

Crianza oxidativa, traste...

José Luis Mateo, de Quinta da Muradella, piensa casi tanto sus vinos, como los nombres. Todos están muy relacionados con su elaboración, por eso tiene uno que se llama Crianza Oxidativa y su nueva apuesta será uno fácil de beber que se llamará Candea, en honor a la expresión «dalle candea», que se escuchaba mucho en las tabernas de Monterrei. Juanjo Figueroa (en la imagen) es el tutor del curso de sumiller del Instituto galego do viño y cuenta que otro viticultor que innova en las viñas y en las formas es Alberto Nanclares, con sus Crisopa, su Miñato da raña o su Dandelión, que se llama así porque la parcela está repleta de dientes de león. Y el chantadino Roberto Regal llama Papeiros y rabudos a una de sus creaciones, porque esos eran los motes con el que los de Chantada usaban para los que vivían en O Saviñao y para los vendimiadores de la zona.

En Valdeorras hay otro viticultor independiente, José Luis Aristegui, que hace un vino llamado Traste, porque aspira a ser aún más travieso que su etiqueta. «Yo lo que busco son vinos despeinados», proclama el de A Rúa.

Sketch es un Rías Baixas que se llama así en homenaje a un local londinense, mitad restaurante, mitad bar de copas y que viste la botella con los tonos del establecimiento. Es una de las creaciones del enólogo más inclasificable, Raúl Pérez, y es rompedor en casi todo, ya que se sumerge a 19 metros de profundidad en una cueva en la ría de Arousa dentro de jaulas durante al menos tres meses. Las botellas salen llenas de algas, de mejillones y de la impronta de un enólogo (al que han nombrado el mejor del mundo) autor de otras denominaciones rebeldes como El Pecado o La penitencia.

Uno de los pioneros es el enólogo Xosé Lois Sebio, ya que sus Viños de encostas llevan recuerdos de los escenarios de rock, como su Salvaxe o su Hush, en homenaje a Deep Purple: «Me acompañó y marcó mi juventud. Hush es además el silencio», dice en su web uno de los primeros en echar mano del cómic para un tinto: Súper héroe.

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