La estela que Bowie dejó en la música pop 

Las ramas del árbol sonoro del músico británico evidencian influjos de ida y vuelta con algunos de los artistas más importantes de las cuatro últimas décadas


Sin David Bowie la historia de la música pop hubiera sido diferente, muy diferente. No se trata de una frase-plantilla a rellenar con su nombre. Al contrario, el influjo del artista británico fallecido el pasado domingo se revela tan inmenso que solo apelando a gigantes como Bob Dylan, The Rolling Stones o The Beatles se puede hallar un icono referencial superior. Su omnipresente luz ha alumbrado a una inmensa generación de artistas de los que hoy se consideran fundamentales: de Joy Division a Arcade Fire, pasando por Nine Inch Nails.

Antes, él había sido el iluminado. En su condición de explorador, Bowie absorbió todo lo que pudo en donde había que absorber, fuera Bob Dylan, Velvet Underground o Scott Walker. Se arrimó al talento (Lou Reed, Robert Fripp, Iggy Pop) siempre que apareció la opción. Y lo intentó con otros sin éxito, como el portazo con el que se toparon sus ansias de subirse al tren del futuro de Kraftwerk en la segunda mitad de los setenta. Cultivó esa dualidad de músico fan/músico artista con jugosos réditos creativos. 

David Bowie merece el estatus de genio, no cabe duda. Pero en lugar de creerse un iluminado con la pista del futuro en las manos, supo que, además de la constante transformación, había que absorber, colaborar, contagiar y contagiarse. Los resultados saltan a la vista. En algunos casos el influjo funcionó en doble dirección. Con Lou Reed, que se sumaría a la desafiante oleada bisexual del glam-rock comandada por Marc Bolan y él en Inglaterra, grabaría Transformer (1972). En su momento, le reprocharon a Reed que el disco parecía más de Bowie que suyo. También mantuvo una ligazón especial con Iggy Pop. Con él trabajó a los mandos del volcánico Raw Power (1973) de los Stooges, así como en los discos The Idiot (1977) y Lust For Life (1977) de la Iguana, ambos fundamentales. 

Estos dos últimos álbumes se grabaron en Berlín, la ciudad en la que Bowie gestó ese milagro titulado Heroes, una cumbre definitiva en la historia del rock. Se grabó en 1977, mientras en Inglaterra explotaba el punk del que se considera precursor. Su etapa berlinesa también obtuvo descendencia artística. La conexión con Joy División resulta más que obvia. De hecho, en Lazarus, el single de Blackstar en el que habla de su muerte, casi semeja una devolución de la influencia a la banda de Ian Curtis. En la onda siniestra, también inspiró a Bauhaus y The Cure

Con la edición de Scary Monsters (1980), Bowie adelantó al movimiento New Romantics. Junto a Roxy Music preparó el vuelo posterior de Visage, Duran Duran o Soft Cell. Más tarde, la sombra llegaría a Culture Club, Eurythmics o Depeche Mode. En los ochenta también brotarían bowicitos en España. Desde Tino Casal a Miguel Bosé, pasando por los Parálisis Permanente que castellanizaron su Heroes, todos hicieron su genuflexión particular.

Ya en la década de los noventa irrumpirá el neo-glam en Inglaterra. Suede, sus máximos representantes, mezclaron a Bowie con The Smiths con resultados excelentes. Mientras tanto, Placebo lo diluyeron con el nervio de los Pixies. Y él buscaba inspiración en las nuevas corrientes de la electrónica, al tiempo que NIN se rendían a sus pies, teloneándolo. El último grupo que apadrinó fue Arcade Fire. Los canadienses se dejaron querer y entraron en la liga de los grandes de su mano. Más allá, de ello la diva pop Lady Gaga también mostró las enseñanzas bowienanas en su carrera 

Un trío clave 

La amistad de Bowie con Lou Reed tuvo sus altos y bajos, pero frutos tan sensacionales como Transformer, uno de los mejores álbumes del neoyorkino, impregnado hasta la médula del espíritu del autor de Ziggy Stardust. Con Iggy Pop grabó Raw Power de The Stooges, del que siempre se criticó la mezcla relaizada. También los imprescindibles The Idiot  y Lust For Life.

 Suede y su reencarnación

La irrupción de Suede en los primeros noventa supuso una vuelta total a la ética y la estética del glam-rock. Brett Anderson se mostró al mundo como el alumno más aplicado de Bowie y repartió ambigüedad, drama, arañazos felinos e histeria pop durante buena parte de la década. Albumes como Suede o Dog Man Star son dignos descendientes del maestro.  

 Un chispazo de inspiración con Freddie Mercury

Cuando ambos ya eran figuras de referencia en la música, chocaron en una composición memorable: Under Pressure. Fue editada en el álbum Hot Space de Queen en 1982, aunque se encuentra en los recopilatorios de Bowie al tratarse de un mano a mano. En el concierto de homenaje a Freddie Mercury en 1992 la interpretó junto a Annie Lennox y termino rezando por él un Padre Nuestro ante la sorpresa de todos.

La visión de Culture Club

Uno de los descendientes más claros del David Bowie de Scary Monsters fue Boy George con Culture Club. Sentía una profunda admiración por él y la leyenda habla de días y días postrado delante de la casa del Dique Blanco intentando lograr su atención. Dice que en 1973, cuando tenía 12 años, lo vio en Lewisham Odeon y ya nunca dejo de ser fan. De él tomó  su lado más discotequero, dejando himnos pop como Karma Chameleon, todo un clásico de los ochenta que no falta en ninguna recopilación de la época.

Arcade Fire, su última gran apuesta

La que para muchos fue la mejor banda de la década pasada contó con el apadrinamiento de Bowie desde el primer momento. Su interpretación conjunta del Wake Up en un concierto 2005, viralizada en YouTube, supone una de esas uniones que pasarán a la historia 

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